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Conceptos Básicos
La Polimiositis y la
Dermatomiositis son dos enfermedades de causa desconocida que se caracterizan por una lesión
inflamatoria muscular, asociada a necrosis de células musculares.
Con respecto a las edades de presentación existen dos picos de
máxima incidencia: uno en la infancia (en pacientes generalmente
menores de 10 años) y otro entre los 45 y 60 años.
Estas dos enfermedades son consideradas por algunos autores como
formas de expresión diferentes dentro del espectro de un mismo
proceso patológico (miopatías inflamatorias idiopáticas),
diferenciándose por la asociación (dermatomiositis) o no
(polimiositis) a manifestaciones cutáneas. Otras miopatías
inflamatorias idiopáticas son la miopatía con cuerpos de inclusión,
la miositis asociada a neeoplasia, la dermato/polimiositis juvenil,
la miositis asociada a otras enfermedades autoinmunes sistémicas y
la dermatomiositis amiopática.
Se
han demostrado diferencias significativas en los cambios
anatomopatológicos y en el fenotipo del infiltrado inflamatorio de
las lesiones musculares, las cuales sugieren diferentes mecanismos
patogénicos.
Junto a las manifestaciones musculares y cutáneas (como las
características
pápulas de Gottron y el eritema en heliotropo),
estos pacientes pueden presentar una amplia variedad de
manifestaciones sistémicas.
La
determinación de enzimas musculares y la práctica de
electromiografía, estudios anatomopatológicos musculares y cutáneos,
análisis inmunonológicos son fundamentales junto con el despistaje
neoplásico.
Algunos pacientes presentan sintomatología moderada y responden
adecuadamente al tratamiento con glucocorticoides. Pero también hay
pacientes con formas clínicas recalcitrantes que no responden a
terapias múltiples y que requieren medidas terapéuticas agresivas.
Definición
La dermatomiositis
(DM) y la polimiositis (PM) son las principales miopatías
inflamatorias idiopáticas. Constituyen un grupo de enfermedades de
etiología desconocida que se caracterizan por la existencia de una
lesión inflamatoria muscular, asociada a necrosis de células
musculares, lo cual se traduce, en la mayoría de los casos, en
debilidad muscular. Estas dos enfermedades son consideradas por
algunos autores como formas de expresión diferentes dentro del
espectro de un mismo proceso patológico, diferenciándose por la
asociación o no a manifestaciones cutáneas. No obstante, se han
demostrado diferencias significativas en los cambios
anatomopatológicos y en el fenotipo del infiltrado inflamatorio de
las lesiones musculares de ambos procesos, las cuales sugieren
diferentes mecanismos patogénicos entre ellos.
Se
pueden manifestar a cualquier edad, pero se ha observado la
existencia de dos picos de máxima incidencia: uno en la infancia (en
individuos generalmente menores de 10 años) y otro entre los 45 y
los 60 años. Es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres y
en estos últimos es mayor la media de edad de inicio que en las
mujeres. Especialmente elevada ha sido la incidencia descrita en la
etnia bantú.
La
incidencia de DM y PM varía en diferentes estudios, oscilando entre
1 y 30 casos por 106 habitantes y año con una prevalencia
de aproximadamente 10 casos por cada 106 habitantes. En
los casos de DM juvenil y en los pacientes con anticuerpos anti-Jo1
se ha demostrado una mayor incidencia en los meses de primavera que
en el resto del año. En el caso de la DM juvenil existen evidencias
de una relación con la infección por el virus coxsackie B, la cual
también es más prevalente en los meses de primavera.
Etiopatogenia
La etiopatogenia de estas enfermedades sigue
siendo un enigma. Se cree que poseen una base autoinmune, aunque se
desconoce la identidad del posible error inmunológico implicado.
Entre los argumentos que dan fundamento a la hipótesis autoinmune
cabe destacar la asociación con otras enfermedades que cursan con
una respuesta inmune alterada, los signos de una respuesta
inmunológica como la producción de autoanticuerpos o la respuesta
inflamatoria en los órganos diana, así como el efecto beneficioso de
la terapéutica inmunosupresora e inmunomoduladora en un número
elevado de pacientes con miopatías inflamatorias idiopáticas.
Dermatomiositis
En esta enfermedad, uno de los primeros hechos
que ocurren es la activación de la cascada del complemento, sea por
la vía clásica o por la alternativa, lo que conduce, en definitiva,
al depósito en los capilares musculares de la fracción C5b9
(complejo de ataque de membrana). A partir de la lesión de estos
capilares, su número se verá reducido, lo cual va a condicionar
cambios de microisquemia muscular, la cual a su vez producirá
disolución de miofilamentos de las células musculares (agresión
subletal) y, en ocasiones, auténticos microinfartos musculares y
atrofia perifascicular por hipoperfusión de estas áreas de los
fascículos musculares. Hasta el momento no está bien establecida la
secuencia de los hechos por lo que se refiere a la presencia de
infiltrados inflamatorios en esta enfermedad. En efecto, es
frecuente que existan infiltrados inflamatorios compuestos por
linfocitos B, linfocitos T y macrófagos situados alrededor de los
vasos de pequeño y mediano calibre en las biopsias musculares de las
DM. En estudios preliminares se está comprobando cómo las células
endoteliales de los vasos de las biopsias musculares de pacientes
afectos de esta enfermedad expresan moléculas de adhesión
leucocitaria del tipo ICAM-1 y VCAM, el primero sobreexpresado, ya
que es constitutivo del endotelio, y el segundo expresado de forma
anómala, particularmente en los vasos con fenómenos inflamatorios a
su alrededor. Es posible que la expresión de estas moléculas pueda
justificar la existencia, por migración, de células inflamatorias a
la zona perivascular. En cualquier caso, lo que parece claro es que
en la DM, una de las células diana de la agresión inmunológica es la
célula endotelial.
Polimiositis
En las PM no se han demostrado estas lesiones
capilares y sí, en cambio, se ha evidenciado la presencia de
fenómenos de citotoxicidad directa restringida a la expresión de
antígenos de clase I del complejo mayor de histocompatibilidad. En
condiciones normales y en situaciones de no inflamación muscular,
únicamente las células musculares adultas en regeneración y
degeneración expresan tales antígenos en su superficie. En las
biopsias musculares de los enfermos afectos de PM se ha comprobado
que un elevado porcentaje de células musculares expresan estos
antígenos, particularmente en las áreas en las que existen fenómenos
inflamatorios, y por parte de aquellas células aún viables, pero que
están siendo agredidas por células inflamatorias (fenómeno de
invasión celular parcial). La inmunodetección de estos antígenos de
clase I puede ser de ayuda en la diferenciación morfológica, a veces
difícil, entre DM y PM, ya que en las segundas la expresión se
detecta de forma particularmente intensa en las zonas de
hipoperfusión, en lo que se ha dado en llamar estrés celular.
Clínica
Las posibles manifestaciones clínicas de estas
enfermedades son muchas y la forma de presentación clínica de cada
caso es muy variable. Por un lado, algunos pacientes pueden
presentar las manifestaciones características de la miopatía sin
evidencia de lesiones cutáneas, entrando en el espectro de la PM. En
otras ocasiones sólo se presentan las manifestaciones cutáneas del
proceso. Hasta en el 56% de los pacientes las manifestaciones
cutáneas preceden a la miopatía. Todo ello hace que no podamos
establecer un patrón clínico único de este proceso.
Manifestaciones musculares
La
afectación muscular se manifiesta por una debilidad progresiva que
afecta fundamentalmente a los músculos estriados del tronco y de las
cinturas escapular y pélvica. Estos músculos se afectan antes y con
mayor frecuencia que los periféricos y por ello las acciones que
requieren del uso de la musculatura proximal se afectan antes,
mientras que las acciones motoras finas que dependen de la fuerza de
la musculatura distal lo hacen tardíamente. El paciente suele
consultar por dificultad para levantarse de sillas bajas y para
subir escaleras o incapacidad para mantener los brazos elevados lo
cual dificulta tareas habituales como el peinado. En el caso de los
niños pequeños, la dificultad en la movilización es objetivada por
los propios padres, mientras que en el caso de los niños mayores, la
queja suele ser una disminución en las capacidades atléticas del
individuo. La debilidad muscular se caracteriza por ser de
instauración subaguda (en semanas o meses), en ocasiones insidiosa,
pero raramente aguda. Es constante y progresiva, a diferencia de
otros procesos como la miastenia gravis que presenta un curso
intermitente. Es prácticamente siempre bilateral y simétrica. En
fases avanzadas pueden ponerse de manifiesto dificultades en la
marcha como la marcha de Trendelemburg o una hiperlordosis
compensadora. Los reflejos musculotendinosos están preservados,
salvo en músculos gravemente afectados y atróficos. La atrofia
muscular acostumbra a ser rara en las fases iniciales, a pesar de
que los grupos musculares afectos puedan notarse hipotónicos; pero
en fases avanzadas en pacientes con una enfermedad larga y
lentamente progresiva puede desarrollarse una atrofia muscular
desproporcionada con relación a la debilidad del paciente. Otros
grupos musculares que se afectan con frecuencia son la musculatura
faríngea y de la lengua, manifestándose en forma de disfagia o
rinolalia, y la flexora del cuello. En casos avanzados y, más
raramente, en casos agudos puede involucrarse la musculatura
respiratoria, pero es excepcional la afectación de la musculatura
facial y bulbar. Tanto es así que la presencia de debilidad de la
musculatura ocular debe hacer dudar de un diagnóstico de miopatía
inflamatoria idiopática.
En
la mitad de los casos, la debilidad muscular se asocia a mialgias.
No obstante, a diferencia de la que ocurre en las miositis
infecciosas no es un síntoma predominante en las miopatías
idiopáticas. Cuando aparece acostumbra a ser un síntoma precoz.
Manifestaciones cutáneas
La
DM presenta unas manifestaciones cutáneas patognomónicas (pápulas de
Gottron y eritema en heliotropo), sin las cuales no se puede
establecer un diagnóstico de certeza. Se asocia también a lesiones
cutáneas características, aunque no patognomónicas, que aparecen con
frecuencia en los citados pacientes. Como hemos comentado
anteriormente, las manifestaciones cutáneas están prácticamente
siempre presentes en el momento en que el paciente desarrolla la
clínica muscular, ya que frecuentemente la preceden o se desarrollan
con ella.
Pápulas de Gottron
Es
la manifestación clínica más específica de la dermatomiositis y se
observa en el 70% de los pacientes. Es un eritema maculopapular
situado sobre prominencias óseas como nudillos, codos y rodillas y
en áreas periungueales (ver fotografía más arriba). Las lesiones iniciales son pequeñas y
discretas pero a medida que pasa el tiempo aumentan de tamaño y
confluyen formando placas eritematosas o violáceas, descamativas y
con telangiectasias en su superficie. Estas placas formadas por la
evolución de las pápulas de Gottron reciben el nombre de signo de
Gottron. En algunas ocasiones las placas desarrollan pequeñas
cicatrices. Con el tiempo, las lesiones se hacen atróficas y
despigmentadas.
Eritema en heliotropo
Es
un signo distintivo de esta patología que se observa hasta en el 60%
de los
pacientes
y que consiste en un eritema de los párpados y zona periorbicular,
que ocasionalmente se extiende a regiones malares, frontales o
temporales, de coloración rojo-violácea. Ha sido comparado con la
tonalidad de la flor de la valeriana de la cual viene el término de
eritema en heliotropo. La intensidad del eritema puede variar en
cuestión de horas. No es infrecuente observar un marcado edema de
los párpados y tejidos periorbiculares.
Eritema difuso de áreas fotoexpuestas (fotosensibilidad)
Es
una manifestación menos específica, que se observa hasta en el 30%
de los pacientes como un eritema difuso especialmente distribuido
por la piel fotoexpuesta de la cara, cuello, raíz de extremidades y
tronco. En algunos pacientes, este eritema puede desarrollarse en
otras superficies como los codos, rodillas, áreas maleolares o cara
anterior del tórax (dibujando una V). Este eritema acostumbra a
exacerbarse tras la exposición a radiaciones solares, puede ser
difícil de identificar en pacientes de piel oscura y, en ocasiones,
es tan tenue, transitorio o inaparente que pasa desapercibido.
Ocasionalmente, las áreas afectas se muestran edematosas. También es
posible el desarrollo de lesiones más crónicas y maculares, así como
cambios poiquilodermiformes en el tronco y raíz de extremidades.
Alteraciones periungueales
Aparte de las pápulas de Gottron en el área periungueal, se puede
observar un eritema difuso y brillante con dilataciones irregulares
y tortuosas de las asas capilares del lecho ungueal, visibles en la
capilaroscopia o a simple vista. También pueden objetivarse
trombosis de asas capilares y hemorragias en astilla. Estas
alteraciones capilaroscópicas son más evidentes en pacientes que
presentan fenómeno de Raynaud, artritis o afectación pulmonar. No
existe relación entre las citadas alteraciones y la actividad de la
miositis o con la asociación a neoplasias. En otros pacientes se
observan engrosamientos, hiperqueratosis e irregularidad de la
cutícula, cambios que no son específicos de este proceso puesto que
se pueden observar en pacientes con síndrome de solapamiento, con
esclerosis sistémica o con lupus eritematoso.
Manos de mecánico
Es
una manifestación clínica muy característica de los pacientes con
dermatomiositis. Consiste en la presencia de una hiperqueratosis de
caras laterales y palmares de los dedos que determina una rugosidad
y el desarrollo de fisuraciones con líneas horizontales irregulares
de aspecto sucio. Ante esta manifestación es primordial descartar un
componente traumático local o una exposición laboral que justifiquen
dicha apariencia.
Eritema del cuero cabelludo y alopecia
Es
posible la aparición de un eritema y alopecia difusos del cuero
cabelludo. Las manifestaciones eritematosas citadas en las
diferentes localizaciones pueden, con el tiempo, curar dejando
eritemas telangiectásicos reticulados con áreas de atrofia y
cicatrización, que en ocasiones muestran cambios de hiper e
hipopigmentación de aspecto poiquilodermiforme. Todos estos cambios
hacen que las áreas afectas presenten un aspecto similar al de la
radiodermitis.
Edema
Aparte del edema orbitario y periorbicular, los pacientes presentan
frecuentemente edema en manos, brazos y ocasionalmente en
importantes áreas del tronco, generalmente asociado al eritema de la
región dorsal de antebrazos o parte superior del tronco comentado
anteriormente.
Otras manifestaciones cutáneas
Una
gran variedad de manifestaciones cutáneas se han descrito
ocasionalmente asociadas a dermatomiositis. Entre ellas cabe
destacar: dermografismo, lesiones ampollosas, lesiones
urticariformes, fotosensibilidad, eritema nudoso, eritema
multiforme, queratosis folicular, hipertricosis-hiperhidrosis,
erupciones psoriasiformes, pitting ungueal, dermatitis
exfoliativas, livedo reticularis, úlceras cutáneas,
paniculitis supuradas, erupciones papulares foliculares eritematosas
hiperqueratósicas en cara, espalda, cuello, tronco, dorso de pies y
manos y áreas palmoplantares (pacientes orientales) y asociación a
cambios lupus-like o esclerodermiformes (pacientes con
síndrome de solapamiento).
Síntomas
generales
Es
frecuente la presencia de síntomas generales en el curso de la
enfermedad. Se han descrito asociados a la clínica muscular y
cutánea: mal estado general, fiebre y pérdida de peso. Son más
frecuentes en aquellos pacientes con síndrome de solapamiento con
otras enfermedades autoinmunes sistémicas.
Calcinosis universalis
Es
una complicación tardía y discapacitante de la DM, que aparece en el
15% de los adultos y en más del 50% de las formas juveniles.
Consiste en el depósito difuso de calcio en los planos fasciculares
de la piel y el músculo. El depósito subcutáneo puede llevar a la
ulceración crónica del área afecta con celulitis secundaria. Los
músculos más afectados suelen ser los de la cintura escapular y
pélvica y, en menor grado, los del tronco y las extremidades, en las
cuales acostumbra a localizarse en las áreas de los codos y las
manos. La calcinosis se incrementa en el curso de los meses o años
y, en algunas ocasiones, la calcinosis desarrollada durante la
infancia disminuye en la adolescencia. A pesar de que el desarrollo
de calcinosis es un buen factor pronóstico para la supervivencia del
individuo afecto de dermatomiositis, la discapacidad funcional que
determina establece una limitada capacidad de recuperación
funcional.
Muchos pacientes piensan que los depósitos
cálcicos de la Calcinosis Universalis es la responsable de sus
dolores, pero esto en general no es cierto. Conocemos el papel
inflamatorio de las Interleucinas I, II y VI, así como del TNF Alfa,
en la génesis de estos depósitos, por lo que la utilización de
fármacos que actúan en estas dianas terapéuticas parece disminuir el
acúmulo de los mismos. Es menos eficaz la actitud terapéutica sobre
los ya existentes, donde se utilizan fármacos antifibróticos de
síntesis y bloqueantes de los canales de calcio, así como técnicas
fisioterápicas como los ultrasonidos o la hipertermia en depósitos
accesibles.
Manifestaciones respiratorias
Es
posible el desarrollo de una dificultad respiratoria secundaria a
afectación de los músculos intercostales y del diafragma. Esta
dificultad ventilatoria puede determinar, junto con un trastorno en
la deglución por afectación de la musculatura faringoesofágica, una
mayor predisposición a las neumonías por aspiración y una progresiva
hipoxemia en pacientes con miositis intensa. Por otro lado, la DM
puede producir una enfermedad pulmonar intersticial responsable de
la aparición de tos no productiva y disnea progresiva, con un patrón
radiológico de infiltrado intersticial que evoluciona hacia una
progresiva fibrosis pulmonar. Medicaciones como el metotrexate
pueden contribuir al desarrollo de la neumonitis. Se han descrito
casos de hipertensión pulmonar con cor pulmonale. La
enfermedad pulmonar intersticial aparece hasta en el 10% de los
pacientes afectos de DM y es más frecuente en pacientes con
síndromes de solapamiento y en asociación a anticuerpos anti Jo-1 ó
a anti-PL 12 (hasta un 50% presentan anticuerpos anti Jo-1). Las
complicaciones respiratorias son, junto con la cardiomiopatía de la
enfermedad, las responsables de la mayoría de muertes en los
pacientes con DM.
Manifestaciones digestivas
Hasta en un 30% de los pacientes se ha descrito la afectación de la
musculatura estriada y lisa del tercio proximal y parte distal del
esófago, lo cual justifica tanto el desarrollo de divertículos
esofágicos y la presencia de reflujo gastroesofágico como la clínica
de disfagia que se describe hasta en el 50% de los pacientes. La
presencia de disfagia se considera un marcador de mal pronóstico. La
participación de la musculatura lisa del tubo digestivo es
responsable de una disminución de la actividad peristáltica
intestinal, desarrollándose en ocasiones divertículos colónicos. El
desarrollo de vasculitis intestinal y las frecuentes infecciones,
especialmente en casos de DM de la infancia y antes del desarrollo
de las terapias inmunosupresoras, determinaban la aparición de
úlceras gastrointestinales cuyo sangrado provocaba melenas o
hematemesis. La citada vasculitis puede determinar también una
neumatosis intestinal por disección submucosa del gas endoluminal
que, en ocasiones, desencadena un neumoperitoneo.
Manifestaciones articulares
Las
artralgias son un síntoma precoz de DM hasta en el 30% de los
pacientes. Pueden evidenciarse bursitis recurrentes de hombros y
caderas, derrames articulares y, en ocasiones, artritis
inflamatorias discretas, pero es excepcional el desarrollo de
artritis erosivas. Las artralgias y artritis acostumbran a ser
simétricas y la intensidad de las artritis tiende a disminuir a
medida que progresa la debilidad muscular, excepto en aquellos
pacientes con síndromes de solapamiento, en los cuales puede ser
crónica. Los pacientes con artritis presentan frecuentemente
afectación pulmonar. Las contracturas musculares son especialmente
frecuentes en la DM de la infancia.
Fenómeno
de Raynaud
Se
observa hasta en un 10% de los adultos y es excepcional en los
niños. Al igual
que un posible síndrome seco se observa con mayor
frecuencia en pacientes con síndrome de solapamiento.
Manifestaciones cardíacas
La
frecuencia de afectación miocárdica en pacientes con miopatías
inflamatorias idiopáticas varía según las series, en función de la
meticulosidad con la que se investigan las alteraciones
cardiológicas. Hasta en un 40% de los pacientes se ha descrito la
aparición de miocarditis, fibrosis miocárdica y trastornos de la
conducción. Estas alteraciones justifican el desarrollo de
miocardiopatías dilatadas, disminuciones en la fracción de eyección,
taquiarritmias e insuficiencia cardíaca congestiva. El desarrollo de
arritmias clínicamente significativas es excepcional. Hasta en el
20% de las autopsias de pacientes con DM se evidencia la presencia
de insuficiencia cardíaca congestiva con miocarditis atribuibles
tanto a la enfermedad de base como a un efecto de la corticoterapia
prolongada. También se ha descrito el desarrollo de pericarditis.
Otras
manifestaciones
Aunque con mucha menor frecuencia, también se han descrito en
pacientes con miopatías inflamatorias idiopáticas lesiones renales o
insuficiencia renal aguda por mioglobinuria, retinitis con exudados
de distribución peripapilar y alrededor de venas retineanas y
neuropatía del trigémino.
Exploraciones complementarias
Las
exploraciones complementarias que se deben realizar en estos
pacientes son aquéllas destinadas a confirmar la existencia de una
miositis clínica, analítica y electromiográfica, con patrón
histológico característico, una dermatitis con patrón histológico
compatible, las alteraciones inmunológicas sugestivas de asociación
a otras enfermedades autoinmunes sistémicas o a riesgo de enfermedad
intersticial y la asociación a afectación extracutánea y muscular.
Estudios
anatomopatológicos
Biopsia muscular
Es
la prueba para establecer el diagnóstico definitivo de las miositis
y para excluir otras enfermedades neuromusculares. Cada una de estas
entidades se caracteriza por presentar unas manifestaciones o
cambios histológicos característicos que resultan de la combinación
de tres procesos histo-patológicos básicos: necrosis segmentaria de
fibras musculares, inflamación intersticial y vasculopatía. Para que
la biopsia muscular sea diagnóstica es fundamental seleccionar un
músculo afecto. Los músculos más afectados son habitualmente los de
las cinturas escapular y pélvica y los de las raíces de las
extremidades. En ocasiones, puede ser difícil identificar los grupos
musculares afectados por el proceso. Recientemente se ha demostrado
la utilidad de la resonancia magnética para identificar estos grupos
musculares, pues permite hacer una biopsia más dirigida. Dado que
los cambios anatomopatológicos musculares de las miopatías
inflamatorias idiopáticas son parcheados, se puede conseguir una
mayor rentabilidad diagnóstica practicando biopsias de dos grupos
musculares afectos y realizando cortes seriados tanto transversales
como longitudinales de todas las muestras. Algunos autores
preconizan la obtención de, como mínimo, 2 a 3 cm de músculo en cada
biopsia. Los músculos afectos pueden aparecer al biopsiarlos como
pálidos, blandos e hipotónicos, o firmes y fibróticos, dependiendo
del estadio evolutivo en el que se encuentren. En los pacientes con
fibrosis puede haber calcificaciones de los músculos y de tejidos
blandos. A la hora de seleccionar estos músculos hay que tener en
cuenta que deberán evitarse aquéllos utilizados recientemente para
la realización de exploraciones electromiográficas o inyecciones
intramusculares, dado que dichos procedimientos pueden desencadenar
procesos inflamatorios y lesiones fibrilares que pueden determinar
falsas positividades en el diagnóstico histológico. En
aproximadamente dos tercios de las biopsias musculares se llegan a
identificar los cambios histológicos característicos de la miositis.
A pesar de realizar la selección del músculo a biopsiar siguiendo
las recomendaciones anteriores, hasta un 10% de los casos presentan
biopsias musculares normales.
La
DM se caracteriza por la aparición de un infiltrado inflamatorio
endomisial mixto, compuesto por linfocitos, macrófagos, células
plasmáticas y en menor número eosinófilos y neutrófilos, que se
distribuye fundamentalmente por áreas perivasculares, por los septos
interfasciculares y rodeando más que infiltrando los fascículos
musculares. Los vasos sanguíneos intramusculares presentan
hiperplasia endotelial, con estructuras túbulo-reticulares, trombos
de fibrina (especialmente en casos infantiles) y obstrucción de
capilares. Se puede observar reduplicación de las membranas basales
capilares. Las fibras musculares se necrosan, degeneran y son
fagocitadas, frecuentemente en grupos y afectando a partes de un
fascículo muscular, o en la periferia del fascículo, todo ello como
consecuencia de microinfartos en el seno del músculo. Las fibras
musculares de tipos I y II están afectadas por igual. Los cambios
anatomopatológicos que presentan estas fibras musculares dependen de
la fase evolutiva del proceso. En fases iniciales se observan
pérdidas de las estriaciones transversales, hialinización del
sarcoplasma y un aumento de los núcleos en el sarcolema. En fases
más avanzadas, las fibras se fragmentan y desarrollan una
degeneración granular y vacuolar con tinción basofílica,
observándose fagocitosis histiocítica. Finalmente las fibras
musculares afectas se atrofian y esclerosan, recordando los cambios
observados en la esclerosis sistémica. El resultado final es una
atrofia perifascicular caracterizada por la presencia de dos a diez
capas de fibras atróficas en la periferia de los fascículos. La
presencia de esta atrofia perifascicular es diagnóstica de DM,
incluso en ausencia de inflamación.
Biopsia cutánea
Las
alteraciones anatomopatológicas de las biopsias de lesiones cutáneas
de DM dependerán del estadio evolutivo de la enfermedad. En las
lesiones agudas, los cambios histológicos recuerdan a los propios
del lupus eritematoso cutáneo (LEC) subagudo. En la epidermis se
observa una degeneración vacuolar de la capa basal con degeneración
de la membrana basal. Se objetiva un infiltrado inflamatorio de
predominio linfocitario, con histiocitos, células plasmáticas y,
ocasionalmente, eosinófilos, de predominio perivascular y un edema
de la dermis que, por lo general, es más extenso al observado en el
LEC subagudo y afecta todos los estratos de la dermis. Es frecuente
hallar depósitos dérmicos de mucina que son relativamente
específicos de este proceso. El tejido celular subcutáneo puede
presentar también infiltrados inflamatorios linfocitarios o
degeneración mucoide. La epidermis se atrofia, con aplanamiento de
los procesos interpapilares e incrementos en los depósitos de
melanina en la capa basal. Se observa un engrosamiento,
homogeneización y esclerosis de la dermis, con engrosamientos de las
paredes vasculares. En el tejido celular cutáneo se puede observar
igualmente fenómenos de esclerosis o calcificación. Los estudios
inmunohistoquímicos demuestran la ausencia de fluorescencia en la
unión dermoepidérmica, si bien se pueden observar depósitos
globulares de inmunoglobulina (Ig) G, IgM y, ocasionalmente, de IgA
en la dermis superficial.
Estudios
inmunológicos
Se
han descrito una gran variedad de autoanticuerpos dirigidos contra
antígenos nucleares y citoplasmáticos en el suero de estos
pacientes. Entre los anticuerpos contra antígenos nucleares se
incluyen aquéllos dirigidos contra ribonucleoproteínas (anti
Ro/SS-A, anti-Sm o anti-La/SS-B) que no son específicos de las
miositis, en tanto que están más estrechamente relacionados con el
grupo de las conectivopatías mixtas. Aparecen frecuentemente en
pacientes con DM y manifestaciones de estas conectivopatías.
Los anticuerpos contra antígenos
citoplasmáticos están dirigidos contra ribonucleoproteínas
citoplasmáticas que están involucradas en la traducción y síntesis
proteica. Entre ellos se incluyen anticuerpos contra sintetasas,
factores de traducción y proteínas de las partículas de
reconocimiento de señales. Los más frecuentes son los antisintetasas
dirigidos contra las aminoacil-transfer-ARN sintetasas, cuya
presencia parece correlacionarse con las manifestaciones
extramusculares. El anticuerpo anti-Jo1, dirigido contra la enzima
celular histidil-tARN sintetasa supone el 75% de todas las
antisintetasas y se detecta en el 25% de los pacientes con miositis,
especialmente en aquéllos con alveolitis fibrosante criptogenética,
fenómeno de Raynaud, síndrome seco y artritis10
. El anticuerpo anti-Ku se asocia al síndrome de solapamiento-DM
sistémica, especialmente en los pacientes orientales. Algunos
pacientes presentan igualmente niveles elevados de factor reumatoide
y se han descrito casos con anticuerpos anticardiolipina
especialmente en casos de DM juvenil con complicaciones vasculares.
Finalmente, puede haber elevaciones de la velocidad de sedimentación
globular, lo cual se había relacionado con una mayor probabilidad de
asociación neoplásica. Esta afirmación no ha sido demostrada
posteriormente.
Otras
exploraciones recomendadas
Radiografía de tórax
Debería realizarse en todos los pacientes para descartar la
presencia de afectación pulmonar subclínica. En aquellos pacientes
con sospecha de intensa afectación de la musculatura respiratoria o
fibrosis pulmonar deberá completarse el estudio con la realización
de pruebas funcionales respiratorias y gasometría arterial. El
estudio radiológico puede ayudar también a detectar calcificaciones
musculares que orienten el diagnóstico.
Electrocardiograma
Es
importante para descartar alteraciones de la conducción o
repercusions electrocardiográficas de la miocardiopatía.
Despistaje neoplásico
Dada la frecuente asociación a procesos neoplásicos, en pacientes
mayores de 50 años se recomienda realizar un estudio básico para
descartarlas.
Resonancia magnética
Esta técnica permite el estudio funcional de la miopatía gracias a
la determinación de las variaciones en la cantidad de agua de los
tejidos (valorada a través de la determinación de los tiempos de
relajación en T1 y T2 de la resonancia magnética [RM]) y del consumo
de energía de estos tejidos (valorado a través de la cuantificación
de metabolitos fosforilados mediante la RM estereoscópica con P-31).
Estas técnicas permitirían establecer la existencia de afectación
muscular mediante procedimientos mucho menos agresivos que la
biopsia muscular. El estudio de pacientes con DM amiopática mediante
la RM estereoscópica ha demostrado la existencia también en ellos de
deficiencias metabólicas latentes que apoyarían la teoría de que la
citada entidad no es más que una variante expresiva o una fase
precoz de un mismo proceso patológico.
Tratamiento
El
tratamiento de estas enfermedades es complicado debido al caprichoso
comportamiento del proceso. Algunos pacientes presentan
sintomatología moderada, toleran bien y responden adecuadamente a
los tratamientos y no presentan complicaciones adicionales. Pero,
hay pacientes con formas clínicas recalcitrantes que no responden a
terapias múltiples y que requieren medidas terapéuticas agresivas
para controlar su enfermedad.
Glucocorticoides
Los
glucocorticoides sistémicos son el tratamiento empírico de elección.
A falta de estudios a doble ciego, estos fármacos son claramente
eficaces y se acepta que disminuyen la morbilidad y mortalidad en
las formas tanto juveniles como del adulto. El inicio precoz del
tratamiento permitirá disminuir las dosis totales y el tiempo de
duración del tratamiento. No son útiles para el tratamiento de las
contracturas residuales, las deficiencias musculoesqueléticas o para
la enfermedad inactiva. Se supone que los glucocorticoides actúan
mejorando la vasculopatía y disminuyendo el depósito de los
componentes finales del complemento.
El
tipo de enfermedad puede influir en la respuesta al tratamiento.
Así, por ejemplo, se ha descrito una peor respuesta en los casos de
síndrome de solapamiento que en las formas puras de DM. Hay autores
que consideran que es esencial iniciar el tratamiento de las formas
agudas de la enfermedad con dosis elevadas de glucocorticoides, ya
que con ello se consigue una mayor efectividad del mismo y se
reducen las secuelas del proceso. Se entienden por dosis elevadas
aquéllas que corresponden a entre 1 y 2 mg/ kg/día (dosis totales
entre 80-100 mg/día). Estos autores mantienen las citadas dosis
entre 3 y 4 semanas. Según estos autores, las dosis inferiores,
aparte de no ser efectivas, suponen un mayor riesgo de desarrollo de
efectos secundarios derivados de la corticoterapia, al alargar la
duración total del tratamiento. Esta teoría no es compartida por
todos los autores. En nuestra experiencia, los resultados son
mejores cuando se aplican dosis iniciales elevadas con reducciones
posteriores, que cuando se inician tratamientos a dosis inferiores,
frecuentemente insuficientes, que obligan en muchas ocasiones a
aumentar posteriormente las dosis.
El
glucocorticoide de elección es la prednisona y se deben evitar los
principios activos fluorados, dados sus efectos sobre la musculatura
y las alteraciones electrolíticas que pueden determinar.
Una
vez solucionada la fase aguda del proceso se deben reducir las dosis
de glucocorticoides. También a este nivel existen diferencias entre
los distintos autores. A pesar de que muchos autores, entre los
cuales nos incluimos, consideran necesaria una reducción gradual y
lenta de las dosis diarias, hay otros que preconizan las reducciones
más rápidas de las mismas. Según algunos, el paso a tratamiento a
días alternos como forma de disminución de la dosis consigue
mantener la eficacia del tratamiento, reduciendo la morbilidad
asociada al mismo. Se recomiendan disminuciones de dosis de entre 5
y 10 mg/día cada 3-4 semanas. Las dosis se reducen hasta alcanzar
las mínimas necesarias para mantener el proceso bajo control.
Habitualmente se llega a conseguir mantener controlado al paciente
con dosis de entre 10-25 mg a días alternos o las dosis equivalentes
diarias.
Algunos pacientes no responden al tratamiento con prednisona y se
vuelven corticorresistentes. Se consideran como tales aquellos
pacientes que, tras 2-4 meses de tratamiento a dosis de entre 40 y
80 mg/día, no presentan respuesta valorable. Se entiende por
respuesta valorable la mejoría de la fuerza muscular, de la
sensación de bienestar o la normalización de las enzimas musculares.
Dado que estas últimas pueden normalizarse pese a la persistencia de
la actividad del proceso, actualmente se tiende a ajustar el
tratamiento en función del grado de recuperación de la fuerza
muscular. El problema que se plantea en el ajuste de las dosis es la
posibilidad de que un paciente desarrolle una miopatía esteroidea,
con lo cual puede persistir o empeorar la clínica muscular pese a la
normalización de las enzimas musculares. Esta situación plantea la
duda acerca de si dicho empeoramiento es secundario a una
reagudización del proceso, con lo cual el paciente requeriría un
aumento en las dosis de glucocorticoides, o de la citada miopatía
esteroidea, en cuyo caso es necesaria la reducción de las dosis. La
tendencia a la normalización de los parámetros enzimáticos orienta
hacia la segunda, recomendándose la reducción de las dosis de
glucocorticoides y adoptar una actitud expectante sobre la evolución
de la clínica muscular. Ni la repetición de la biopsia muscular, ni
la práctica de un nuevo electromiograma parecen ser útiles en la
diferenciación de las dos situaciones. Se están investigando una
serie de marcadores que se relacionan con el grado de lesión de la
célula endotelial, así como la posible utilidad de técnicas de
imagen como posibles parámetros de valoración de la actividad
clínica con el fin de evitar los problemas en el ajuste de los
tratamientos.
Inmunomoduladores no esteroideos
En
las situaciones en las que se presenta una corticorresistencia
(hasta en un 20% de los pacientes) se plantea la necesidad de
recurrir a otros tratamientos. Además de ésta, hay otras situaciones
en las que se plantea la necesidad de utilizar otros
inmunomoduladores:
1.
La necesidad de reducir las dosis de glucocorticoides, pese a una
buena respuesta, con el fin de reducir los efectos secundarios
derivados de su uso.
2.
Cuando los repetidos intentos de reducción de dosis de
glucocorticoides provocan reagudizaciones del proceso,
3.
Cuando el paciente presenta una enfermedad rápidamente progresiva
con debilidad intensa e insuficiencia respiratoria.
La
preferencia por uno u otro fármaco se basa en la experiencia
personal y la relación beneficio/seguridad de los mismos.
Azatioprina
Se
administra oralmente, en dosis de entre 1 y 3 mg/kg/día. Para muchos
autores es el fármaco preferido dada su eficacia, tolerancia por
parte del paciente y relativa seguridad. Requiere de 3 a 6 meses de
mantenimiento para producir sus efectos, por lo cual deberá
mantenerse como mínimo ese período antes de considerarse no
efectivo.
Metotrexate
Se
administra por vía oral a dosis de 7,5 mg semanales (en tres tomas
de 2,5 mg separadas 12 horas). Considerado menos efectivo que otros
tratamientos por algunos autores, presenta mayor riesgo de toxicidad
para el paciente.
Ciclofosfamida
Administrada por vía intravenosa u oral (2-2,5 mg/kg), hay
resultados contradictorios en cuanto a su efectividad. Parece estar
indicado en pacientes con enfermedad pulmonar intersticial.
Ciclosporina
Es
un fármaco utilizado con limitado éxito; se han descrito resultados
favorables en el tratamiento de casos infantiles de DM.
Inmunoglobulinas intravenosas
Es
un tratamiento con resultados prometedores pero con un coste
económico elevado.
Otros
procedimientos
Se
han ensayado procedimientos como el recambio plasmático, cuyos
resultados son contradictorios en las diferentes series, y la
irradiación corporal total, que ha resultado útil en casos
desesperados, consiguiendo remisiones prolongadas, pero cuyos
efectos secundarios obligan a considerar seriamente la necesidad de
practicarlo. Finalmente, se ha descrito la práctica de timectomías o
la utilización de clorambucil o mercaptopurina en algunas series.
Ejercicio
muscular
El
inicio precoz de actividad física, tras la mejoría de los signos
inflamatorios musculares, reduce considerablemente el riesgo de
desarrollar miopatía por desuso, que es una de las principales
secuelas de la enfermedad.
Pronóstico
Con
los tratamientos actuales se consiguen supervivencias superiores al
85%, si bien hasta en la mitad de los casos persiste cierto grado de
debilidad y cerca del 20% de los pacientes quedan significativamente
limitados, especialmente los niños, con contracturas residuales y
calcinosis. Aproximadamente, la mitad de los pacientes se recuperan
y pueden suspender el tratamiento tras 5 años de iniciarse el
proceso, mientras que un 20% requerirán continuarlo por la
persistencia de actividad de la enfermedad.
El
índice de mortalidad en pacientes con DM y PM es, aproximadamente,
cuatro veces superior al de la población general. Las principales
causas de muerte son las infecciones respiratorias, generalmente
secundarias a aspiraciones, la insuficiencia cardíaca, la
malnutrición secundaria a la disfagia intensa, la debilidad, las
neoplasias asociadas y los efectos secundarios al tratamiento
esteroideo. Por ello el pronóstico empeora en aquellos pacientes con
afectaciones viscerales, especialmente pulmonares, cardíacas y
renales. La asociación a ciertos autoanticuerpos que determinan la
posibilidad de afectación visceral, como los anti-Jo1 y PL 12, puede
tener significado pronóstico. También se relaciona con un peor
pronóstico el hecho de pertenecer al género femenino, ser de raza
negra, edades de inicio avanzadas, presentar formas clínicas con
afectación importante desde la presentación inicial o inicio muy
tardío del tratamiento. Son indicadores de mal pronóstico la
presencia de disfagia o la asociación a cáncer. El pronóstico no
varía entre las formas clásicas y amiopática de DM.
A
pesar de todos estos datos, no existe un patrón de comportamiento
claramente definido que nos ayude a determinar el curso que va a
seguir la enfermedad en un paciente en concreto. En cualquier
momento pueden producirse recaídas y éstas tienen peor pronóstico si
se producen tras reducciones excesivamente rápidas del tratamiento
corticoideo.
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