El dedo gordo del pie sufre
una sensibilización extrema, y resulta doloroso incluso el roce de
las sábanas; también se percibe que la piel de la zona inflamada
está seca, roja y brillante, y las venas de la parte dorsal del pie
pueden estar distendidas.
Además del dolor, pueden
presentarse otros síntomas, como fiebre de hasta 38,55ºC, cefalea,
náuseas e inapetencia. 
El primer ataque afecta una
sola articulación y dura unos pocos días, tras los cuales
desaparecen las molestias, la articulación se deshincha y recupera
su color habitual, mientras que la piel presenta descamación y
picor.
Tras el primer ataque puede
no presentarse ningún otro, pero por lo general sobreviene un
segundo acceso, si bien puede transcurrir meses, o incluso años,
antes de su aparición.
Los ataques sucesivos se
pueden presentar en la misma articulación o en otras, como en la
rodilla, los dedos de las manos o el codo. Son frecuentes también
los debuts en la articulación del tobillo, en otras zonas del pie o
la rodilla.
GOTA CRÓNICA
Esta enfermedad se conoce
como gota crónica o artritis gotosa cuando se prolonga durante mucho
tiempo y los ataques agudos son frecuentes y periódicos.
En los casos crónicos de
gota los cristales de las sales del ácido úrico pueden depositarse
en las articulaciones, en la piel o en los riñones, causando
lesiones que son permanentes.
En las articulaciones, los
cristales se asientan en el cartílago de los extremos
óseos,
deteriorando su superficie lisa y originando hinchazón, rigidez e,
incluso, deformidades similares a las que ocurren en la
artrosis.
La piel puede desarrollar
protuberancias, denominadas tofos gotosos, en varios sitios; son
masas de ácido úrico precipitado que forman pequeños bultos, por lo
general en los pabellones auriculares, en las articulaciones de las
manos o en la parte posterior de ambos codos, y pueden aumentar de
tamaño hasta convertirse en grandes hinchazones.
Las mayores deformaciones
en esta fase de gota crónica aparecen en las manos, cuyos dedos se
presentan retorcidos y nudosos, pudiendo llegar a producirse una
inmovilidad articular (anquilosis). Hoy en día y con los
tratamientos actuales es muy inusual que el paciente llegue a este
estado.
En los casos de gota
severa, pueden dañarse los riñones de dos maneras: cuando los
depósitos de ácidos úrico bloquean el mecanismo de filtración, y se
origina una progresiva insuficiencia renal, y cuando el ácido úrico
está concentrado en exceso, y cristaliza formando cálculos renales.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de artritis
gotosa se hace mediante la observación directa a través de
microscopio de luz polarizada, de los cristales de urato
monosódico (birrefringencia negativa) en el líquido sinovial de la articulación.
TRATAMIENTO
La gota, en la actualidad,
es perfectamente tratable.
Cuando un ataque agudo de
gota no es tratado, el paciente sufre un dolor considerable durante
un periodo que oscila entre tres y diez días, pasados los cuales los
síntomas se alivian; sin embargo, un tratamiento con fármacos
antiinflamatorios puede curar el proceso con rapidez. Nunca deben
tomarse aspirinas, ya que el ácido acetilsalicílico, por sus
características químicas similares al ácido úrico, dificulta la
eliminación de éste.
Es importante tomar un
analgésico adecuado, recetado por su reumatólogo, tan pronto como
sea posible, ya que el retraso en su administración disminuye su
efectividad.
Para controlar la
inflamación suele recomendarse fármacos por vía oral, sobre todo
colchicina o indometacina. Nunca debemos utilizar hipouricemiantes
en la fase aguda, pues empeorarían el cuadro.
Para calmar el dolor puede
aplicarse una compresa caliente o hielo en la articulación afectada,
aunque puede ser necesaria una evacuación articular seguida de
infiltración.
Cuando remita los síntomas
del primer ataque, su médico efectuará uno o varios análisis de
sangre para determinar si son necesarios tratamientos posteriores, y
prevenir una posible gota crónica.
Si se repiten los síntomas,
la enfermedad debe ser atacada en sus raíces metabólicas, para lo
cual se suele iniciar un tratamiento con fármacos que debe seguirse
durante toda la vida.
La medicación que se
administra basa su actuación en dos principios complementarios. Así,
algunos medicamentos actúan aumentando la expulsión del ácido úrico
a través de los riñones; por lo cual es conveniente acompañar este
tratamiento con un consumo de bebida no alcohólica mayor de lo
habitual (2 l/día) y de una retirada, si es posible de fármacos que
eleven el ácido úrico.
Otros fármacos actúan
reduciendo la cantidad de ácido úrico producido por el organismo.
En el ámbito de las nuevas
opciones terapúeticas en la gota refractaria a los fármacos más
básicos, ha sido
aprobado el Febuxostat para el tratamiento de la gota, un inhibidor
de la xantina oxidasa (enlace
externo al artículo), ya disponible en España bajo el nombre de
Adenuric