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La Fibromialgia (FM) y el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) son dos enfermedades
diferentes pero con una forma de presentación y síntomas
aparentemente similares, lo que confunde muchas veces al no experto. El
diagnóstico diferencial entre ambas y el descartar otras posibles
causas de dolor y fatiga, es fundamental para un correcto enfoque
diagnóstico, pronóstico y terapéutico.
Es de especial relevancia el
diagnostico preciso entre el concepto de "Fatiga
Crónica", que
es un síntoma que puede
acompañar a muchas enfermedades de todo tipo (incluidas las
psiquiátricas) y el Síndrome de Fatiga Crónica Postviral (SFC) o
Encefalomielitis Miálgica,
que es una entidad que comparte código diagnóstico por sus
similitudes en la definición clínica.
Lamentablemente, es muy frecuente la confusión entre Síndrome
de Fatiga Crónica y Trastorno Depresivo Mayor, cuando el diagnóstico
de SFC no puede establecerse ante un Trastorno Depresivo Mayor
activo
correctamente diagnosticado, pues es una enfermedad excluyente para
el mismo. El proceso de diagnóstico diferencial entre ambas es
sencillo y está bien documentado (enlace
externo a la cita). El verdadero
SFC/EM, nada tiene que ver con un trastorno psiquiátrico y su
atribución al mismo, genera responsabilidad por parte del emisor
diagnóstico de esta confusión.
Un artículo de Abril de 2012 (enlace
externo al abstract) nos recuerda el interés de diferenciar el
diagnóstico entre "Fatiga Crónica", "Síndrome de Fatiga Crónica" y "Encefalomielitis
Miálgica", incidiendo la publicación en hallazgos plasmáticos de
mediadores de la inflamación como IL-1, TNF-alfa y Lisozima.
En 1988,
Holmes y colaboradores
respondieron a un propuesta del CDC con una forma de clasificación provisional de la "fatiga o
astenia crónica" que no distinguía el SFC de otros tipos de
cansancio indeterminado, por eso, en 1990 una nueva comisión,
también promovida promovida por el CDC aprobó los actuales criterios
de definición de caso (Fukuda
K, Straus SE, Hickie I, Sharpe MC, Dobbins JG, Komaroff A, and the
International CFS Study Group. The chronic fatigue syndrome: a
comprehensive approach to its definition and study.Annals of
Internal Medicine, Vol. 121:pages 953-959, 1994) que son los
internacionalmente aceptados. Los criterios de Holmes no deben ser
utilizados para el diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica como lo
conocemos actualmente, pues no contemplan como requisito la
evaluación del impacto cognitivo que hoy consideramos esencial.
Posteriormente (2003) se publicó una nueva propuesta de Criterios
Diagnósticos, conocidos como "canadienses" que se han mostrado más
eficaces para diferencias casos de verdadero SFC/EM de otras causas
de fatigabilidad anormal.
El Síndrome de Fatiga Crónica Postviral (SFC) (que es diferente del síntoma "Fatiga
Crónica" o de otras causas de "fatiga anormal") es una enfermedad
reconocida por todas las organizaciones médicas internacionales y
por la OMS. Está clasificada con el código G93.3 de la
Clasificación
Internacional de Enfermedades (CIE-10 en su última revisión) y
anteriormente, en la CIE-9 MC (paradojicamente muy utilizada en
España todavía) se clasificaba como 780.71 dentro de un apartado
para "síntomas y signos inclasificables". Resulta interesante
conocer la
historia de su
evolución en la clasificación internacional (pdf en inglés).
Cuando el paciente no cumple características postvirales o de
Encefalomielitis Miálgica (por ejemplo por ausencia de impacto
cognitivo), debería ser clasificado como "Fatiga Crónica" con el
código R53.82 del CIE-10. Otra posible justificación de "fatiga
anormal no SFC" es la Neurastenia, que se clasifica como F48.0 en el
CIE-10. Todos ellos son procesos que se pueden y se deben
diferenciar correctamente mediante la medicina científica.
La propuesta de clasificación para un futuro CIE-11, ahora en
desarrollo, es la Gj92.
Una de las características más específicas del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC) es el impacto
cognitivo que sufren los enfermos y que, por definición debe
afectarle en más de un 50% de lo que sería su rendimiento habitual,
situación que marca la principal diferencia con la Fibromialgia (enlace
externo a la cita)
junto con la intensa fatigabilidad post-esfuerzo y la presencia de
signos inespecíficos.
Existen diversas medidas validadas para cuantificar este impacto
cognitivo,
entre las que recomendamos el CogHealth (*), un test básico que puede realizarse a
través de este
enlace externo.
Si su médico del IFR lo estima oportuno, podrá realizar este test en
nuestras instalaciones durante su visita, cosa que no siempre es
procedente por el impacto oscilante de la enfermedad. Si este test
básico resulta positivo, nuestros neuropsicólogos pueden
recomendarle la realización de pruebas más sofisticadas.
La prevalencia del SFC/EM es muy homogénea en todos los países donde
se ha analizado y tanto en áreas rurales como urbanas (enlace
externo a un estudio reciente en Nigeria), siempre y cuando se hayan utilizado los mismos
criterios diagnósticos para su definición y se hayan aplicado
escrupulosamente los criterios de exclusión. Actualmente se acepta
una prevalencia entre el 0,2 y el 0,5 % de la población general, que
es una cifra importante pero relativamente baja comparada con la
inmensa cantidad de personas que afirman sufrir Síndrome de Fatiga
Crónica o que incluso están diagnosticados. Datos más recientes
(2007), aumentan la prevalencia de cuadros SFC-like hasta el 2,54 %,
(personas que afirmaban cumplir los criterios diagnósticos mediante
una encuesta telefónica en Georgia, Estados Unidos -enlace
externo al artículo-).
Esta distribución homogénea, no establece diferencias entre
hábitos de vida, dieta, clima, etc. , por lo que parece que la
influencia de estos factores en el desarrollo de la enfermedad no
deben tener una gran influencia.
Aproximadamente entre un 20 y un 25 % de enfermos con Síndrome de
Fatiga Crónica presentarán una forma muy severa de la enfermedad o
evolucionan hacia ella desde formas más moderadas. Este grupo, tiene
características diferenciales que son abordadas desde nuestra página
"25 % SFC".
El
nivel de evidencia científica sobre la realidad del SFC es enorme,
siendo una de las enfermedades más estudiadas en los últimos años. Puede obtener información
básica
sobre Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) accediendo a la
página del CDC
sobre ésta enfermedad
-enlace externo-.
¿Qué es el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC)?
El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es una enfermedad grave compleja y
debilitante
caracterizada
por una fatiga intensa, física y mental, que no remite, de forma
significativa, tras el reposo y que empeora con
actividad física o mental. La aparición de la enfermedad obliga a
reducir sustancialmente la actividad y esta reducción de actividad
se produce en todas las Actividades de la Vida Diaria (AVD).
El impacto del SFC en la vida del enfermo es demoledor, tanto por la
enfermedad en sí misma como por el aislamiento e incomprensión del
entorno, de hecho, las medidas validadas de calidad de vida, cuando
se comparan con otras enfermedades, evidencian que el SFC es una de
las enfermedades que peor calidad de vida lleva aparejada.
Además de estas características básicas, algunos pacientes de
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) padecen
diversos síntomas inespecíficos, como debilidad muy especial en las
piernas, dolores musculares y articulares, deterioro
de la memoria o la concentración, intolerancia a los olores, insomnio
y una muy lenta recuperación, de forma que la fatiga persiste más de veinticuatro horas después de un
esfuerzo.
Casi siempre la enfermedad es crónica (curaciones inferiores al
5-10%) y de un
gran
impacto en la vida del enfermo. De hecho, la mejor medida del
impacto de la enfermedad es evaluar las actividades previas y
posteriores a la instauración de la enfermedad, tanto en la esfera
física, como en la intelectual, aunque disponemos de escalas
validadas de Clasificación de la Severidad e Impacto de la
Fatigabilidad Anormal en un paciente concreto, como por ejemplo la
Escala IFR de Fatigabilidad Anormal
(pdf en castellano 43 Kb. /
pdf
en català 43 Kb.).
Todavía se
desconoce la causa del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y no disponemos de pruebas específicas de diagnóstico, pero
la mayor parte de
grupos de estudiosos creen que las infecciones
(sobre todo las producidas por determinados virus), la respuesta
autoinmune y los
agentes tóxicos o las sustancias
químicas, pueden desencadenar la enfermedad incluso a dosis
consideradas "de seguridad" para la mayoría de la población.
Recientes trabajos de expresión génica que describen subgrupos en la
enfermedad, parecen afirmar la relación con las sustancias tóxicas (enlace
externo a la cita).
Las
más modernas hipótesis etiopatogénicas apuntan a una coexistencia
de: Factores Predisponentes (genética, inactividad física en la
infancia, inactividad tras mononucleosis...), Factores
Desencadenantes (severo estrés físico o psíquico, infecciones
virales,
sustancias químicas...),
Factores de Perpetuación y Factores Pronósticos.
Durante algún tiempo se pensó que el Virus de Epstein Barr (EBV) era
el causante del SFC, pero posteriormente se ha visto que no tiene
mayor participación que otras posibilidades, aunque el demorar la
vuelta a la normalidad y a la actividad física tras una
Mononucleosis, parece ser que favorece el desarrollo del SFC. El
conocimiento actual de la enfermedad, que pasa por la implicación
contunden de los virus en su patogenia, vuelve a conceder al virus
EBV un papel de interés, pues parece favorecer la entrada de otros
virus.
En
2009, un equipo de investigadores encabezados
por los Dres. Vincent C. Lombardi y Judy Mikowitz, publicó (enlace
externo a la cita) la detección del Virus de la Leucemia del
Ratón, denominado XMRV, en un porcentaje muy importante de enfermos
con SFC, mientras que su detección en personas sanas, era
infrecuente. Este relevante hallazgo apoyaba la hipótesis de la
implicación viral en la enfermedad.
La posibilidad de que los altos
resultados de presencia viral obtenidos fuesen el resultado de una
contaminación de las muestras cobró fuerza, dada la negatividad
masiva en estudios posteriores. Sin embargo la contaminación
no puede explicar la razón para que se detecten anticuerpos contra
el virus en los enfermos con SFC, la presencia de proteinas y de
secuencias virales.
Opinamos que es prematuro descartar los virus como factores asociados con el SFC/EM u otras
enfermedades en el hombre. Son necesarios estudios rigurosos de
doble ciego en pacientes bien caracterizados y controles sanos. Uno
de estos estudios está en marcha bajo los auspicios del Instituto
Nacional de Salud de EEUU y sus resultados se esperan en el
transcurso de 2011.
En
todo caso, la investigación sobre SFC/EM ha dado un paso de gigante,
y ha permitido poner de manifiesto alteraciones inmunológicas muy
constantes en estos pacientes cuando el subgrupo de impresión
postverial está bien determinado.
En
definitiva se trata de que, en personas con cierta predisposición en
la que la genómica parece tener un peso relevante. En concreto, el
factor de riesgo que parece influir de forma más relevante en los SFC/EM de características postvirales es la falta de factores de
activación en determinadas subpoblaciones linfocitarias de los
linfocitos CD8, lo cual produce una actividad reducida o ausente
frente a determinados
estímulos, esencialmente virales o tóxicos, lo que acaba
desencadenando una alteración
de los sistemas inmunológicos, endocrinológicos y neurológicos del
cuerpo que pueden quedar afectados de forma permanente, haciéndose
más sensible a otras infecciones o a reactivaciones de los mismos
virus ú otros virus, bacterias intracelulares y hongos y produciendo síntomas muy relevantes.
La expresión elevada de CD5-/- se ha propuesto (enlace
externo a la cita) como marcador de esta situación de anergia.
La síntesis de algunas Interleucinas, como la IL-10 se ha
relacionado con este estado hipofuncionante denominado anergia (enlace
externo a la cita). Se están proponiendo ensayos clínicos con
activadores de la quinasa JAK3, que parece revertir este estado en
cultivos celulares.
Puesto que numerosas afecciones presentan fatiga incapacitante,
antes de diagnosticarla debe ejercerse mucha cautela para no
descartar otras dolencias conocidas que con frecuencia cuentan con
tratamiento (como por ejemplo algunas enfermedades infecciosas como
la Enfermedad de Lyme o Borreliosis). Es por ello que, en el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), el diagnóstico diferencial juega
un papel crucial que no parece fácil que sea asumido por la asistencia
primaria.
En este tipo de enfermedades, la búsqueda de una segunda opinión
puede ser una decisión acertada. Lamentablemente esta "segunda
opinión" no se podrá obtener con facilidad en centros no
específicos, razón por la cual recomendamos acudir a unidades
especialmente dedicadas sin perjuicio de que puedan existir otras
unidades de igual capacidad o profesionales a título individual que
conozcan perfectamente esta patología.
Definición de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
Se ha debatido mucho sobre la mejor descripción del Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC). Con el fin
de adoptar
una
solución, un comité de expertos (Fukuda y CDC) esbozaron en 1994 una
definición (criterios diagnósticos) que sirviera tanto a investigadores como a quienes han de
emitir diagnósticos. En esencia, debe cumplirse lo siguiente:
-
Padecer una fatiga crónica física y mental grave no previamente
existente (impacto superior al 50 % de la actividad y capacidad
habitual, incluyendo la actividad laboral, educacional, social y
personal) durante seis o más meses que, según un diagnóstico
clínico, que no pueda ser atribuída a ninguna enfermedad conocida
-
Tener en la actualidad cuatro o más de los siguientes síntomas:
deterioro sustancial de la memoria o la concentración a corto plazo,
faringitis o amigdalitis, nódulos linfáticos sensibles, mialgias,
artralgias múltiples sin hinchazón o eritema, cefaleas de una clase
e intensidad no sufrida anteriormente, alteración del sueño y
malestar que persiste más de veinticuatro horas después de un esfuerzo.
Estos síntomas tienen que haberse presentado, persistente o
recurrentemente, durante un mínimo de seis meses consecutivos y no
haber precedido a la fatiga.
-
Son Criterios de Exclusión: Una condición médica que pueda
justificar la fatiga, trastorno depresivo mayor o trastorno bipolar,
esquizofrenia, demencia, anorexia nerviosa, bulimia, enfermedades
autoinmunes activas, SIDA, alcoholismo o
abuso de sustancias, obesidad grave (> 45% IMC).
Puede ampliar esta información en éste
enlace externo a Co-cure.
Criterios Canadienses
En
2003, un Grupo de Expertos internacional, convocado por el
Departamento de Salud del Canadá (Health Canada) publicó unos nuevos
Criterios de Definición de Caso de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
Actualmente debería aclararse siempre si el paciente cumple los
criterios CDC de 1994 y/o los criterios canadienses de 2003 en su
diagnóstico. Los criterios propuestos son los siguientes:
|
Una persona con Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y/o
Encefalomielitis Miálgica (Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) / EM) deberá reunir los
siguientes criterios para el diagnóstico y no tener ningún
criterio de exclusión: |
-
Cansancio o agotamiento extremo
-
Malestar y/o cansancio post esfuerzo
-
Trastornos del sueño
-
Dolores musculares y/o
articulares
-
Presentar dos o más manifestaciones neurocognitivas
-
Uno
o más síntomas de dos de las categorías de manifestaciones
neurovegetativas, inmunológicas y neuroendocrinas
-
Cumplir con el ítem 7 (duración en el tiempo).
Desarrollo de ítems: |
|
1.
Cansancio o agotamiento extremo:
El paciente deberá presentar un grado significativo de
cansancio físico y mental inexplicable, de un nuevo
comienzo, persistente y recurrente, que reduzca
substancialmente el nivel de su actividad habitual.
2.
Malestar o cansancio post esfuerzo:
Hay una inapropiada pérdida de la resistencia física y
mental, una rápida fatigabilidad muscular y cognitiva,
malestar y/o cansancio postesfuerzo; dolor; tendencia a que
empeoren otros síntomas asociados dentro del grupo de
síntomas que presenta el paciente. El periodo de
recuperación es patológicamente lento, pudiendo llevar 24
hs. o más.
3.
Trastornos en el sueño:
Se presenta bajo la forma de un sueño poco reparador o de
trastornos en el ritmo y en la cantidad de sueño, como un
sueño invertido o sueño diurno caótico.
4.
Mialgias:
Hay un significativo grado de mialgias. El dolor puede
experimentarse en los músculos y/o en las articulaciones, y
es a menudo de naturaleza extendida y migratoria. El dolor
de cabeza es de un nuevo tipo, patrón y severidad.
5.
Dos o más de los siguientes trastornos neurocognitivos
deberán estar presentes:
Confusión, desorientación, falta de concentración y de
atención, fallas en la memoria de corto plazo, dificultades
en el procesamiento de la información, en la recuperación y
clasificación de palabras (no encontrar las palabras y/o
nombrar los objetos); trastornos sensoriales y perceptivos,
tales como: inestabilidad, desorientación espacial e
inhabilidad para focalizar la atención. Ataxias. Debilidad
muscular. Puede haber fenómenos de sobrecarga como por
ejemplo: fotofobia, hipersensibilidad a los ruidos.
Situaciones de sobrecarga emocional pueden conducir a
períodos de ansiedad o episodios de quiebre emocional
cargados de angustia.
6.
Por lo menos un síntoma de las siguientes categorías:
a) Manifestaciones Neurovegetativas:
Intolerancia ortostática, trastornos en el intestino con o
sin Colon Irritable, frecuencia urinaria aumentada con o sin
disfunciones en la vejiga, palpitaciones con o sin arritmias
cardiacas, inestabilidad vasomotora y trastornos
respiratorios.
b) Manifestaciones Inmunológicas:
Inflamación de ganglios, dolor y/o ardor de garganta,
recurrentes estados gripales, malestar general, aparición de
nuevas alergias o cambios en las alergias preexistentes,
hipersensibilidad a los medicamentos y/o a los químicos.
c) Manifestaciones Neuroendocrinas:
Pérdida de la estabilidad termoestática, intolerancia al
frío y/o al calor, falta o excesivo apetito, hipoglucemia,
pérdida de la adaptabilidad y de la tolerancia al estrés,
empeoramiento de los síntomas con el estrés, y labilidad
emocional.
7.
La enfermedad persiste por lo menos 6 meses:
Normalmente presenta un comienzo agudo, pero también puede
comenzar en forma gradual. Un diagnóstico preliminar se
puede realizar en forma temprana. Tres meses es apropiado
para niños.
|
EXCLUSIONES
Se excluye cualquier proceso de enfermedad activo que
explique la mayoría de los síntomas de cansancio,
trastornos en el sueño, dolor y disfunciones cognitivas:
-
Enfermedad de Addison
-
Síndrome de Cushing
-
Hipotiroidismo
-
Hipertiroidismo
-
Tiroiditis
Autoinmune
-
Deficiencia de hierro y otras formas tratables de
anemia
-
Diabetes
-
Cáncer
También hay que excluir:
-
Trastornos
del sueño tratables como la Apnea del Sueño
(SAOS).
-
Trastornos
infecciosos o
inmunológicos establecidos como el SIDA, las
Hepatitis. Tuberculosis, Lyme...
-
Desórdenes neurológicos como la Esclerosis Múltiple,
Parkinson, Miastenia Gravis.
-
Trastornos reumatológicos como la Artritis Rematoide,
Lupus, Polimiositis y Polimialgia Reumática.
-
Trastornos
psiquiátricos primarios.
-
Abuso de sustancias y yatrogenia.
|
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ENFERMEDADES COMÓRBIDAS
-
Fibromialgia
-
Síndrome del Dolor Miofascial
-
Síndrome de la Articulación Temporomandibular
-
Síndrome del Intestino Irritable
-
Cistitis Intersticial
-
Síndrome de la Vejiga Irritable
-
Fenómeno de Raynaud
-
Prolapso de la Válvula Mitral
-
Depresión
-
Alergias
-
Sensibilidad Química Múltiple
-
Tiroiditis de Hashimoto
-
Síndrome Seco
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Sobre la base de esta
propuesta de criterios, un panel de expertos, ha publicado un
Consenso Internacional de Criterios (Julio 2011), que puede
descargarse en versión original
aquí o traducida
aquí (enlaces externos).
Un artículo
original de octubre de 2011, viene a resumir la aplicación de estos
criterios propuestos (enlace
interno al pdf en inglés), haciendo hincapié en la denominación
de "Encefalomielitis Miáglica".
Patologías similares
Se han señalado una serie de enfermedades que cuentan con una cuadro
sintomático similar al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), entre las que figuran el síndrome de
fibromialgia, la
encefalomielitis miálgica
(que aunque se encuentra ubicada en el mismo epígrafe de enfermedad
actualmente tiene algunas características diferenciales), la neurastenia, la
sensibilidades químicas múltiples (actualmente conocida de forma
poco apropiada en nuestra opinión, como
Sensibilidad Ambiental Idiopática)
y la mononucleosis crónica. Aunque en tales afecciones la fatiga tal
vez no sea el síntoma principal, sí se presenta en todos los casos y
se acompaña de alteraciones de los sistemas neurológicos,
inmunológicos y endocrinos.
Otras patologías con síntomas similares
En el caso del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC), existen enfermedades y condiciones que resultan
incompatibles con el diagnóstico (son lo que se conoce como
"criterios de exclusión", por ejemplo el
Episodio
Depresivo Mayor, el
Trastorno de Estrés Postraumático (TEP/PTSD) o la
obesidad morbida
(IMC >35-45 %), entre otras.
Además, existen otras enfermedades que a menudo
tienen tratamiento y que pueden provocar fatiga. El diagnóstico de
alguna de tales afecciones descartaría el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC), a menos que se hayan
tratado suficientemente y ya no sean la fuente de la fatiga o de
otros síntomas. Entre ellas se encuentran el hipotiroidismo, las
cardiopatías, las hemoglobinopatías (talasemias, anemias
drepanocíticas, etc.), la
apnea del sueño y narcolepsia, los trastornos depresivos graves, la mononucleosis crónica, los trastornos bipolares, la esquizofrenia,
los trastornos del apetito, el cáncer, las enfermedades autoinmunes,
los trastornos hormonales , las infecciones subagudas, la obesidad,
el abuso de alcohol y sustancias adictivas, y las reacciones ante
medicamentos. Todas estas patologías deben ser descartadas antes de
emitir un diagnóstico de SFC.
Es
también muy importante tener en cuenta que en el proceso de
diagnóstico diferencial del Síndrome de Fatiga Crónica deben
descartarse la
hipocondría, el
trastorno de
conversión, la
somatización y el
trastorno
somatomorfo. Para un
experto, esta discriminación es sencilla e indubitable, en la
inmensa mayoría de casos.
Otros síntomas comunes
Además de los ocho síntomas principales que constituyen la
definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), algunos pacientes han experimentado otros
síntomas, que se presentan con frecuencia entre el 20% y el 50% de
los casos. Tales manifestaciones abarcan dolor abdominal,
intolerancia al alcohol, flatulencia, dolor pectoral, tos crónica,
diarrea, mareo, sequedad en los ojos y boca, dolor de oído, arritmias
cardíacas, dolor en la mandíbula, rigidez matinal, náuseas, sudor
nocturno, trastornos psicológicos (depresión, irritabilidad,
ansiedad, ataques de pánico), ahogo, sensibilidad dérmica, sensación
de hormigueo y pérdida de peso.
Es
importante saber que el aspecto externo del enfermo no tiene porqué
variar y de hecho la afirmación "...pues tienes buena cara", es
realmente ofensiva para el paciente porque encierra una cierta dosis
de duda. Ante este planteamiento una buena respuesta es que el SFC no es una enfermedad de la
cara, sino de los órganos
internos del cuerpo.
Estudio demográfico
Diversos estudios han contribuido a determinar el alcance y la
frecuencia del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Aunque ninguno ha de considerarse definitivo,
pues cada uno tiene puntos fuertes y débiles, los estudios
epidemiológicos han ayudado a comprender mejor cuál es la extensión
de la enfermedad, qué grupo es el más proclive a contraerla, si es
contagiosa y cuál es la evolución típica en los pacientes.
a. La extensión del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
De 1989 a 1993, el Centro para el Control y Prevención de
Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), de los Estados Unidos, emprendió uno
de los primeros estudios con el fin de determinar la extensión de la
enfermedad. Se pidió a facultativos de cuatro ciudades de Estados
Unidos que enviaran posibles pacientes para una evaluación clínica.
El estudio reveló que de 4 a 8,7 de cada 100.000 estadounidenses de
18 años o mayores que reciben atención médica padecen Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) y reciben
atención médica. Sin embargo, esta valoración inicial resultó ser un
cálculo demasiado bajo que no reflejaba la realidad de la población
norteamericana, pues no se seleccionaron al azar los lugares donde
se tomaron las muestras de población. Un estudio reciente llevado a
cabo en la región de Seattle reveló que de 75 a 265 de cada 100.000
personas sufren la enfermedad. Este resultado es similar al obtenido
en San Francisco: 200 de cada 100.000 personas (con una cuadro
clínico similar al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), pero sin diagnóstico clínico). En general se
calcula que en Estados Unidos, medio millón de personas presentan
una cuadro sintomático similar al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
En España se admite que sufre la enfermedad entre un 0,2 y un 0,5%
de la población general, que es la proporción que se registra de
forma homogénea en el resto del mundo en que se han realizados
estudios.
b. ¿Quién contrae el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)?
Esta pregunta no tiene una respuesta específica. El estudio
realizado
en cuatro ciudades mostró que el 98% de los pacientes eran de
raza blanca, el 85% eran mujeres y la media de edad se situaba sobre
los 30 años. Más del 80% había recibido una formación avanzada y la
tercera parte procedía de familias con ingresos elevados. No
obstante, estos datos solo contemplan a pacientes que reciben
atención médica. En la actualidad, las pruebas indican que el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
afecta a todos los grupos raciales y étnicos, y a ambos sexos. El
estudio de Seattle reveló que el 59% de los los pacientes eran
mujeres y el 83% eran de raza blanca. Este último dato no es
representativo ya que más del 90% de los que participaron en el
estudio eran de raza blanca. El estudio de San Francisco reveló que
los síntomas se daban con mayor frecuencia en mujeres, jóvenes con
ingresos anuales inferiores a los 40.000 dólares y personas de raza
negra, y con menor frecuencia en individuos de raza blanca y
asiática.
Aunque los adolescentes pueden padecer la afección, se han publicado
pocos informes al respecto. Un reciente estudio del CDC observó que
la incidencia del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) en adolescentes de entre 12 y 18 años de edad
es sustancialmente menor que en los adultos, y no halló pruebas de
que afectara a menores de 12 años. Algunos investigadores han
afirmado haber observado un conjunto de síntomas similar al Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC) en
pacientes menores de 12 años, si bien no corresponde totalmente con
lo observado en adultos y adolescentes. Aunque los efectos de la
enfermedad en adolescentes y adultos presentan numerosas
similitudes, es sumamente importante que los problemas inherentes a
los adolescentes (por ejemplo, la interrelación familiar, social y
de salud, la educación y la relación con los compañeros) se
consideren parte de la atención médica. Es igualmente importante
mantener informados a los pacientes, a los padres y a las
autoridades escolares. En la actualidad, el CDC y los Institutos
Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) están
efectuando estudios en niños y adolescentes.
Hoy
en día existen grupos especializados en descubrir las mutaciones
genéticas que pueden hacer que la persona se vuelva "vulnerable" a
sufrir un Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) frente a determinados estímulos
(infecciones virales, agresiones tóxico-químicas, etc.).
c. ¿Es contagioso?
No existen pruebas que demuestren que el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC) sea contagioso. Las
enfermedades contagiosas (brotes o epidemias) suelen darse en grupos
bien definidos. Ciertos estudios iniciales que se llevaron a cabo
sobre dolencias relacionadas con la fatiga, como los de Incline
Village (Nevada) y Punta Gorda (Florida), se han presentado como
argumento de que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es contagioso. Sin embargo, estos informes
no documentaron con rigor la incidencia en la transmisión humana. Por
si fuera poco, tales estudios no incluyeron a pacientes que hubieran
recibido un diagnóstico que correspondiera al criterio del Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC). Por
lo tanto, tales grupos no pueden tomarse como prueba de brotes de
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). El CDC ha colaborado con las autoridades sanitarias estatales
con el fin de investigar posibles brotes de enfermedades
relacionadas con la fatiga, pero hasta la fecha no se ha verificado
ningún grupo que presente Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
d. Evolución clínica
Es fundamental comprender la evolución clínica del Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) a fin de
facilitar la comunicación entre médico y paciente, evaluar posibles
tratamientos nuevos y abordar asuntos como las aseguradoras y la
discapacidad.
La evolución clínica de la enfermedad varía considerablemente. Se
desconoce el porcentaje real de pacientes recuperados, pero se
piensa que es inferior al 5-10%, incluso sigue siendo tema de debate lo
que se entiende por recuperación. Hay pacientes que se recuperan
hasta el punto de reanudar su actividad laboral, pero siguen
experimentando diversos síntomas (periódicos o no). Algunos con el
tiempo se recuperan completamente (muy pocos) y otros empeoran,
aunque lo más frecuente es que el paciente mantenga durante años un
grado estable de afectación que oscila mínimamente con periodos de
exacerbación y remisión parcial.
La enfermedad suele seguir una evolución cíclica (curso oscilante),
se alternan períodos de relativo bienestar con los de enfermedad,
pero manteniendo siempre un fondo de afectación importante que debe
cuantificarse en más del 50% del rendimiento habitual, tanto físico
como intelectual. Normalmente los pacientes no van empeorando, sino
que mantienen en un grado de afectación estable con exacerbaciones y
remisiones temporales. En sólo un 25% de los casos la enfermedad es
claramente progresiva hacia un empeoramiento.
El CDC continúa el seguimiento que inició a los pacientes que forman
parte del estudio en cuatro ciudades estadounidenses. La
recuperación (<5-10%) la define el propio paciente y tal vez no
signifique una desaparición completa de los síntomas.
e.
SFC y embarazo.
En
general, el embarazo es bien tolerado por las enfermas con SFC.
Aunque existen criterios discrepantes, nuestra experiencia clínica
es que la mayoría mejora con el embarazo, probablemente debido a un
componente hormonal y al aumento del volumen plasmático.
Según el grado de afectación, es conveniente enfocar el parto y la
lactancia de una forma específica y adaptada a cada caso.
Tras el parto, casi un 50% de enfermas mantienen durante uno o dos
años una discreta mejoría para retornar, posteriormente, a su nivel
de afectación habitual.
La
relación genética del SFC no hace, por el momento, recomendable
ningún tipo de consejo genético ni contraindicación al embarazo.
Posibles causas
Pese a la intensa investigación, todavía se desconoce la causa del
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), aunque se piensa que este
desconocimiento se debe, en parte a la falta de solidez de muchos
diagnósticos. Aunque no se descarta una única
causa, existe la posibilidad que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
constituya el punto final común de un cúmulo de factores
desencadenantes. Por ello, no debería suponerse que alguna de las
posibles causas que se detallan a continuación ha sido descartada
oficialmente o que se excluyen entre sí. Entre lo que se ha
propuesto como detonante del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) figura
el estrés (sin que exista en absoluto base minimamente sólida al
respecto), los tóxicos químicos, la infección vírica y patologías de modelo
autoinmune.
Algunos investigadores han propuesto que el SFC podía ser la
expresión de una "fobia al ejercicio". Los trabajos más recientes no
avalan en absoluto esta hipótesis (enlace
externo a la cita).
Otros han desarrollado también hipótesis al respecto de que la falta
de entrenamiento físico podía ser un factor importante en la
perpetuación de la enfermedad. Una vez más la evidencia científica
rechaza esta hipótesis (enlace
externo a la cita).
La investigación en Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) se dirige, muy especialmente, a la
localización de los genes implicados en la enfermedad, puede Vd.
encontrar detallada información al respecto en:
http://harvester.embl.de/harvester/Q9UI/Q9UI17.htm
y en nuestra propia página de
investigación. También se dirige a la búsqueda de marcadores
biológicos de la enfermedad, a la definición de subgrupos y a la
estratificación de la severidad de la fatiga mediante pruebas
objetivas.
Nuestro equipo ha trabajado para definir marcadores
biológicos indicadores de la potencial severidad en el contexto de
la FM y del SFC, como por ejemplo
el trabajo sobre genotipos del gen COMT de nuestro equipo de
investigación que puede descargar desde este
enlace
interno (pdf en castellano 153 Kb.) y que nos ha permitido
descubrir un perfil genético diferenciado entre Fibromialgia y
Síndrome de Fatiga Crónica que afecta al subgrupo que presenta las formas más severas de
ambas enfermedades (enlace
interno al abstract del trabajo -pdf en castellano 69 Kb.-
y al
artículo completo).
a. Agentes infecciosos
En un principio, debido a su parecido con la mononucleosis crónica,
se pensó que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) era consecuencia de una infección vírica, en
particular, del virus de Epstein-Barr (VEB). Ahora parece evidente
que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) no puede deberse exclusivamente ni al
EBV ni a un único
agente infeccioso concreto conocido. No se ha establecido ninguna relación
clara entre el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y las infecciones provocadas por algún agente
patógeno humano conocido. El estudio de cuatro ciudades del CDC
tampoco halló relación alguna entre el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC) y las infecciones
causadas por una amplia gama de agentes patógenos humanos, como el
EBV, los retrovirus humanos, el herpes virus humano del tipo 6, los
enterovirus, la rubéola, la Candida albicans, y más recientemente,
los bornavirus y la micoplasma.
En 2009, un equipo de investigadores encabezado
por el Dr. Vincent C. Lombardi, ha publicado (enlace
externo a la cita) la detección del Virus de la Leucemia del
Ratón, denominado XMRV (de la familia de los retrovirus), en un
porcentaje muy importante de enfermos con SFC, mientras que su
detección en personas sanas, es altamente infrecuente. Este
hallazgo, no ha sido confirmado pero apoya la hipótesis de la
implicación viral en la enfermedad, ya sea como causa o
consecuencia, aunque subyace la dificultad para establecer el
subgrupo de enfermos que, bajo este diagnóstico clínico, tendrán una
clara implicación viral.
b.
Agentes tóxicos (pesticidas, insecticidas, productos químicos)
Las sustancias
químicas tienen un papel relevante en nuestro entorno y entramos en
contacto con ellas constantemente. Las personas con SFC y otras
enfermedades complejas, muestran en general una baja tolerancia a
los contactos químicos, lo que permite, en algunas ocasiones,
enfocar el tratamiento de una forma más efectiva. Valorar el papel
de las sustancias químicas en cada caso concreto de SFC es
importante y debe hacerse de forma metodológica.
Acceda, si lo desea a nuestra página de
Intolerancia Química Múltiple.
c.
Inmunología
Se ha descubierto que en los los pacientes
existen menos linfocitos citolíticos naturales (Natural Killer) o un descenso en la
actividad (NKCA) de estos en comparación con grupos de referencia sanos.
Esto parece ser debido a una disminución de la Perforina (Maher,
2005). Los enfermos con actividad NK más disminuida parecen tener
mayor afectación cognitiva. La determinación de la subpoblaciones
linfocitarias determinantes de las NK y su actividad (CD16, CD56 y
CD57), parece ser un dato de interés en todos los enfer,os con SFC,
por su reducción en número y actividad, publicada en numerosos
artículos.
Asimismo, se han observado diferencias en los marcadores de
activación de linfocitos T; pero, de nuevo, no todos los
especialistas han observado estas diferencias consistentemente. En
cualquier caso, las subpoblaciones linfocitarias parecen estar
aumentadas para CD38 y CD26 (marcador de activación celular) y
disminuidas para CD8-T8- (una célula supresora cuya disminución
produce anergia o falta de respuesta ante las infecciones). La producción de
anticuerpos parece incrementada, lo que favorece la aparición de Inmunocomplejos Circulantes.
Parece interesante la hipótesis que afirma que una serie de
detonantes, como los tóxicos químicos o las infecciones víricas, tal vez den
paso a una manifestación crónica de citoquinas, y esta, al Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC). Se
sabe que la administración de citoquinas en dosis terapéuticas
provoca fatiga, pero jamás se ha identificado en los pacientes un
cuadro característico de secreción crónica de citoquinas. Además,
algunos investigadores han observado cierta mejoría en pacientes que
han manifestado de forma continua niveles elevados de citoquinas
circulantes. Si existe una relación causal entre las citoquinas y el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), es probable que sea compleja. Varios estudios también han
revelado que es probable que los pacientes tengan un historial de
alergias mayor que los grupos de referencia sanos. Las alergias
podrían ser un factor de predisposición, pero no puede ser el único,
ya que no todos los pacientes padecen alergia.
Se ha propuesto que la activación
anormal de la Ribonucleasa L (RNAsa L) o la aparición de alguna
fracción específica de esta, podría tener valor en el diagnóstico
del SFC. Por el momento esta
posibilidad se encuentra en el terreno de las hipótesis y la prueba
debe ser considerada experimental y sin valor clínico reconocido.
d.
Eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal (HPA, por sus siglas en
inglés)
Numerosos estudios de laboratorio han indicado que es posible que el
sistema nervioso central contribuya de forma decisiva. El estrés
físico o emocional que, según los informes, es un preludio común,
activa el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal, o eje HPA (por sus
siglas en inglés), lo que provoca un aumento en la producción de
cortisol y otras hormonas. El cortisol y la corticotropina (CRH, por
sus siglas en inglés), que también se produce a raíz de la
activación del eje HPA, influyen en el sistema inmunitario, así como
en una gran cantidad de sistemas corporales. Se hipotiza que dicha
activación continuada acaba produciendo un efecto inverso que
contribuye al desarrollo del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) en
personas susceptibles.
e.
Hipotensión Mediada Neuralmente (HMN)
El doctor Rowe y sus colaboradores efectuaron estudios a fin de
determinar si las alteraciones de la regulación autónoma del pulso y
la tensión arterial eran comunes en los enfermos con Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC).
Los investigadores se alertaron con esta posibilidad cuando
observaron una
coincidencia
parcial entre los pacientes y los que tenían HMN. La HMN puede
inducirse mediante una Prueba de Mesa Basculante (disponible con
expertos en SFC en
Clínica
CIMA, de Barcelona y en el
Laboratorio de Electrofisiología Cardiaca del Hospital Ruber
Internacional, en Madrid) en la que se coloca al paciente en
una tabla en posición horizontal y entonces, se bascula a setenta
grados, dejando al paciente en posición casi vertical (cabeza
arriba) durante
cuarenta y cinco minutos durante los que se observa su presión
arterial, su frecuencia cardíaca y los síntomas que el paciente
refiere. Bajo esa situación los que
padezcan HMN manifestarán un descenso de la tensión arterial, además
de otros síntomas característicos, como mareos, pérdida visual o
respuesta lenta a los estímulos verbales. Otros manifestarán
síntomas de
disautonomía (una falta de adaptación del Sistema Nervioso
Autónomo) sin una traducción en los datos de la prueba.
Muchos enfermos de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) experimentan cefaleas, mareos o su fatiga se agrava
cuando permanecen de pie durante períodos prolongados (o incluso
breves). Se sabe que
estas condiciones desencadenan HMN o cuadros similares. En cierto estudio se observó que
el 96% de los adultos que tenían un diagnóstico de Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) desarrollaron
hipotensión durante la prueba de basculación, algo que solo le
ocurrió al 29% del grupo de referencia. La prueba de basculación
también provocó síntomas característicos del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC).
En
la actualidad disponemos de fármacos eficaces para controlar la HMN
y otros síntomas, de algunos pacientes con Prueba de la Mesa
Basculante positiva, ya sea en sus aspectos objetivos o
sintomáticos.
Puede leer más sobre la Prueba de la Mesa Basculante descargando
este fichero en
formato pdf (en inglés 114 Kb) del investigador y afectado por la
enfermedad, Prof. Vance Spence, cardiólogo de la Universidad de
Dundee en Escocia.
f.
Carencias alimenticias
No se ha publicado pruebas científicas de que el Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC) sea producto de
una carencia alimenticia. Numerosos pacientes tienen intolerancia a
ciertas sustancias que se hallan en los alimentos o en medicamentos
de venta sin receta, como el alcohol o el aspartamo, edulcorante
artificial. Aunque no se disponen de pruebas que demuestren las
carencias alimenticias de los pacientes, debemos mencionar que
una dieta sana y equilibrada puede mejorar la salud en general y sería de
esperar que tuviera efectos positivos en todas las personas.
Algunos pacientes desarrollan la llamada Intolerancia Química
Múltiple que les produce intolerancias ya no solo a olores o a
determinados tóxicos, sino incluso a medicamentos y alimentos. Hay
que vigilar que estos pacientes reciban, en cualquier caso, una
alimentación adecuada y sana.
g.
Cambio de domicilio
Algunos pacientes con SFC relatan que se encuentran mejor en climas
más secos o más cálidos. En este sentido es conveniente recordar que
la distribución de la enfermedad en todo el mundo es muy homogénea
(0,5 %) y es difícil por tanto que el clima influya de forma
determinante. A veces se trata más de un cambio de los hábitos de
vida o un alejamiento del entorno, lo que condiciona esta mejoría
que no se acostumbra a mantener en el tiempo.
El
paciente debe evaluar muy seriamente si todos los inconvenientes de
una mudanza en su estado, serán compensados o no por una mejoría
estable.
Diagnóstico
a. El diagnóstico del médico
En casos
sencillos, el médico de asistencia primaría debería poder orientar
un diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), si dispusiese de
tiempo para ello y decidir su remisión a una Unidad
Especializada, pues el diagnóstico del SFC es actualmente
exclusivamente clínico, es decir, no existe prueba diagnóstica
alguna que pueda confirmar de forma indubitable la existencia de un
SFC. Esto hace que la experiencia en el diagnóstico adquiera un
valor trascendente.
Si durante seis o más meses, alguien lleva padeciendo fatiga extrema,
física y mental,
que no remite a pesar de descansar en cama y va acompañada de
síntomas inespecíficos, como síntomas gripales, faringoamigdalitis
no exudativa, febrícula, dolor generalizado o
problemas importantes de memoria y concentración, el médico deberá
incluir en su proceso de
diagnóstico
diferencial el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
En primer lugar obtendrá la historia clínica completa
y le practicará un examen físico completo, que incluirá un examen
del estado mental (que normalmente incluirá una charla prolongada en la
consulta y unas baterías de tests psicológicos) y una serie completa
pero sencilla
de análisis de sangre y orina que permitirán diagnosticar otras
posibles causas de fatiga anormal. También puede ser necesario
practicar algunas pruebas de imagen (radiografía de tórax,
resonancia craneal o ecografía absominal).
Si los análisis ofrecen una explicación alternativa a la fatiga, se
encargarán más análisis para confirmar esa posibilidad. Si no se
identifican las causas de los síntomas y se cumplen las demás
condiciones que conforman la definición del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC), el médico puede
diagnosticar el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), siempre teniendo en cuenta verificar que el
impacto de la enfermedad, tanto físico como intelectual supere el
50% y buscando sustentar dicho impacto de forma objetiva. Si el paciente ha sufrido fatiga durante
seis meses o más, pero no se observan los síntomas descritos en la
definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), puede diagnosticarse una
Fatiga Crónica
Idiopática o una Fatiga Anormal que puede ser concomitante a otro
proceso clínico detectado durante el proceso de diagnóstico.
Puede Vd. descargar el
Folleto
Explicativo sobre el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) para su médico de asistencia primario o
el
Algoritmo
Diagnóstico.
b. Análisis para un diagnóstico habitual
Aunque la cantidad y el tipo de los análisis varían de un médico a
otro, pues no existe un protocolo universalmente aceptado, los siguientes constituyen una serie de pruebas típicas que
servirá de patrón para excluir otras causas del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC): Hemograma
completo, VSG, Proteína C Reactiva, Bioquímica básica (perfil renal,
hepático e iónico), Proteinograma, Creatincinasa, TSH, Análisis
básico de orina y cortisol en orina de 24 horas, radiografía de
torax y ECG. De forma complementaria y más específica, el experto en
SFC solicitará, habitualmente, pruebas de actividad viral e
inmunológica.
La
alteración de la actividad de las células NK parece ser el hallazgo
inmunológico más frecuente en los pacientes con SFC, hasta el punto
de haber sido propuesto como biomarcador (enlace
al artículo). Dentro de la celularidad NK la expresión CD57,
encargada de la actividad,
parece alterada de forma frecuente en estos enfermos. Como dato
complementario, menos observado pero de gran interés en un subgrupo
de enfermos, apuntamos la celularidad CD8 -T8- que en concreto para
su marcador C3, parece disminuida, condicionando una reducción en la
producción de anticuerpos del tipo IgG.
Tal vez se requieran más pruebas a fin de confirmar un diagnóstico
de una patología diferente al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Por ejemplo, si se observa en un
paciente un nivel bajo de albúmina sérica y el análisis de urea plasmática
ofrece niveles superiores a los habituales, podría tratarse de una
nefropatía, por lo que el médico quizá decida repetir los análisis
pertinentes e incluso solicitar otros específicos para el
diagnóstico. Si los análisis iniciales y el examen físico parecen
indicar una enfermedad autoinmune, el médico puede encargar más
análisis, como el de anticuerpos antinucleares y así sucesivamente.
En
pacientes con severa fatigabilidad verificada y pruebas cognitivas
normales, puede ser de interés la realización (incluso ante la
negatividad de pruebas de bioquímica muscular) de biopsia muscular
en busca de patología mitocondrial. La implicación de la mitocondria
y la producción de energía celular, ha sido establecido por diversos
autores. Estrategias de diagnóstico y tratamiento pueden consultarse
en este artículo (noviembre de 2012) de la Dra. Sarah Myhill -enlace
externo al original-.
Recientemente (febrero 2011), un equipo multicéntrico
norteamericano (Schutzer el al), ha publicado el hallazgo de
un perfil proteómico en Líquido Céfalo Raquídeo (LCR) que parece que
puede diferenciar a los enfermos con SFC/EM de los de otra
enfermedad. El trabajo requiere validación pero apunta a ser de gran
interés e impacto (enlace
externo al artículo completo).
c. Pruebas psicológicas y neuropsicológicas
Si el interrogatorio no es concluyente tal vez sea conveniente
evaluar la incidencia de la fatiga en ciertas capacidades cognitivas
o de razonamiento (como la concentración, la memoria y la
organización). Tal valoración será obligada en particular para los
niños y los adolescentes, cuyos resultados académicos, necesidades
educativas especiales y niveles de asistencia escolar deben
estudiarse. La valoración de la personalidad y otros rasgos
psicológicos permitirá mejorar la calidad de la ayuda al enfermo de
forma individualizada pero no influirá en el diagnóstico ni forma
parte esencial del tratamiento, es simplemente un aspecto
complementario.
Esto requerirá unas baterías de test más complejas y según el perfil
que se obtenga, la consulta de apoyo con algún médico-psicólogo que
conozca bien en Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC). Esta visita no debe entenderse como la
aceptación de que la patología tiene origen psicógeno, sino
precisamente lo contrario.
Es
también muy importante tener en cuenta que en el proceso de
diagnóstico diferencial del Síndrome de Fatiga Crónica deben descartarse la
depresión mayor,
la
hipocondría, el
trastorno de
conversión, la
somatización y el
trastorno
somatomorfo. El descartar que una patología psiquiátrica pueda
ser la causa de la fatigabilidad anormal y el complejo sintomático
asociado es fundamental para poder enfocar correctamente el problema
del enfermo, razón por la que es muy importante huir de los
diagnósticos de complacencia. Una buena herramienta de despistaje
psiquiátrico es el CIDI (Composite International Diagnostic
Instrument) de la Organización Mundial de la Salud, accesible desde
éste
enlace externo.
Desde la validación del Test CogHealth©
como instrumento válido en la
determinación del impacto cognitivo del SFC, la realización de esta
prueba es muy interesante tanto en la evaluación inicial del enfermo
como en su seguimiento. Puede consultar más información sobre la
valoración neurocognitiva en el SFC en
éste enlace interno.
d. Los controles regulares
Un enfermo con SFC debería acudir a su médico dos veces al año, una
de ellas en mitad del otoño (por ser la época en la que se producen
más reactivaciones virales). Muchas veces, el enfermo crónico no
cree que sea importante este control una vez establecido su
diagnóstico, sin embargo, tanto el interrogatorio como la
exploración y algunos sencillos análisis, permiten valorar la
evolución y adoptar modificaciones en la pauta de tratamiento.
Es
recomendable, por ejemplo, que una vez al año se estudie la función
inmunológica (células NK -CD16, CdD6, CD57), cociente CD4/CD8 -subunidad
C3-, cociente Th1/Th2) y la
situación viral, tanto en IgM (respuesta inmediata), como en IgG
(inmunidad de recuerdo) para los virus más habitualmente
relacionados con la enfermedad (familia del Herpes, incluyendo
Citomegalovirus y Epstein-Barr, Enterovirus, etc.)
La
IgM nos informa de una infección activa actual pero muchos enfermos
con SFC no elevan su IgM en las reactivaciones, sino que elevan sus
títulos habituales de IgG o estos permanecen siempre anormalmente
elevados, excepto en los casos de hipoproducción de IgG asociada a
déficit de T8. Es importante que esta valoración la haga un médico
experto, pues las personas sanas en la población general, presentan
también elevados los títulos de IgG para muchos virus, de forma
normal. Atribuir valor o no a este dato, requiere un conocimiento
profundo de la enfermedad y del paciente concreto.
e). Pruebas de
ámbito experimental
Varias pruebas, algunas de las cuales se comercializan, no han
resultado efectivas a la hora de diagnosticar el Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC), por lo que no
deben realizarse a menos que sean necesarias para descartar alguna
patología (por ejemplo, la resonancia magnética
nuclear para
descartar la esclerosis múltiple) o si forman parte de un estudio
científico (en ese caso, será necesario que el paciente dé su
consentimiento por escrito). Tampoco deben encargarse
sistemáticamente pruebas de
diagnóstico de algunos agentes infecciosos como la Candidas
albicans y Mycoplasma, pues no contribuyen al diagnóstico
del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Otras pruebas que se consideran experimentales son la
prueba de basculación en ausencia de clínica sincopal (para la HMN) y las técnicas de diagnóstico
por la imagen, como la resonancia magnética nuclear (MRI, por sus
siglas en inglés), la tomografía por emisión de positrones (PET, por
sus siglas en inglés) o la tomografía de emisión de fotón único
(SPECT o SPET, por sus siglas en inglés).
Como hemos comentado, la
reciente publicación de una intensa relación entre el virus XMRV y
el SFC, puede hacer de interés, en el contexto de la consolidación
diagnóstica, la búsqueda de dicho virus en muestras biológicas del
paciente. Institut Ferran de Reumatologia, ofrecerá siempre las más
avanzadas técnicas de detección, cuando estén validadas.
Estratificación de la Gravedad de la Fatiga
A
pesar de que la afectación de las Actividades de la Vida Diaria
(AVD) es el medidor de mayor calidad para el seguimiento y la
definición del SFC, el avance en el estudio de la enfermedad ha
permitido determinar que existen medidas objetivas del impacto de la
fatigabilidad en un enfermo y momento dado.
Escalas como la Checklist Individual Strength (CIS), Chalder Fatigue
Scale o Krupp, permiten clasificar esencialmente con interés
investigador, los grados de fatiga que el paciente refiere de forma
subjetiva.
Nuestro equipo
opta por realizar una Prueba de Esfuerzo estándar, repetida a las 24
horas (para demostrar la fatiga post-esfuerzo, que es persistente en
el SFC) y
practica el
Test CogHealth©
y una
valoración neurocognitiva, sin perjuicio de que, en casos
especiales, puedan requerirse otros instrumentos de medida. Puede
leer más sobre la conveniencia de estas pruebas en éste texto del
Dr.Ferran J.García (enlace
interno a pdf). La Prueba de Esfuerzo estándar, repetida a las
24 horas, bajo protocolo de
Bruce o de Balke (mejor este último) ofrece unos resultados que
permiten determinar la capacidad máxima de esfuerzo, el agotamiento
tras el mismo y su
extrapolación al mundo laboral (enlace
interno a documento pdf).
El valor máximo en METs (Equivalentes
Metabólicos) obtenido para una Frecuencia Cardíaca Máxima Teórica
superior al 75%, puede compararse con los valores necesarios para
muchas actividades a través de este
enlace externo. El compendio de
actividades físicas de la Universidad de Carolina del Sur,
constituye un interesante estudio que nos indica el valor en METs de
la mayoría de actividades. Es consultable en
este enlace externo.
Algunos grupos trabajan en el entorno de la demostración de un
alterado consumo de oxígeno durante las pruebas de resistencia y
esfuerzo en enfermos con Síndrome de Fatiga Crónica, recomendando
esta prueba a sus enfermos. Por el momento, las evidencias
científicas en ensayos clínicos controlados son contrarias a esta
relación (enlace
externo a la cita), no habiéndose encontrado alteraciones en el
consumo de oxígeno ni en los valores de lactato ante el esfuerzo (enlace
externo a la cita), por lo que en nuestra opinión, esta prueba carece de utilidad clínica
y debe ser considerada experimental e inespecífica.
Tratamiento
Dado que no se han identificado las causas del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC), los tratamientos
existentes se centran en paliar los síntomas, no existiendo un
tratamiento curativo. Es importante que no se deje engañar por
desaprensivos en este aspecto. A pesar de lo expuesto, existen
tratamiento que, de forma individualizada, pueden ser útiles en los
enfermos con SFC/EM.
Nuestra Unidad de Tratamiento de la Fatiga Anormal, aplica las más
consolidades estrategias farmacológicas y no farmacológicas para
permitir, en un grupo significativo de enfermos, una mejoría
clínica, con repercusión en su calidad de vida. Puede saber más
sobre nuestra Unidad de Tratamiento de la Fatiga Anormal, en éste
enlace interno.
El
tratamiento más importante consiste en explicar al enfermo el
alcance de su enfermedad, sus expectativas reales y recomendarle que
adapte su vida a sus posibilidades reales. Intentar hacer más de lo
que le permite el cuerpo conduce a un empeoramiento objetivo.
El médico, junto con
el paciente, elaborará un programa adaptado a las necesidades
individuales que ofrezca el máximo beneficio y que está basado en
los tratamientos que contiene esta sección.
a. Tratamientos no farmacológicos
i. Actividad física. En general, los médicos recomendamos a los pacientes que vigilen el ritmo que mantienen y que eviten en lo
posible el estrés emocional (no está claro que el estrés pueda
contribuir al desarrollo de la enfermedad, pero sí sabemos que, una
vez instaurada, el paciente tolera muy mal el estrés) y la tensión física. Las actividades
cotidianas regulares y razonables contribuyen a evitar el fenómeno
push-crash, caracterizado por sobreesfuerzos durante los
períodos de mejoría, seguidos de recaídas quizá debido a la
actividad excesiva. Es importante también la actividad física
regular para evitar que la condición física empeore, aunque debe
estar supervisado por un médico o un fisioterapeuta y ser de baja
intensidad.
Hay
que diferenciar la actividad física del llamado "Ejercicio Gradual",
que es incremental y produce un empeoramiento del enfermo en más del
70% de los casos.
Aquí puede descargar en
formato pdf en castellano (70 Kb.) nuestro documento titulado "Un
programa realista de actividad física para el enfermo con Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC) / Encefalomielitis Miálgica".
La
colocación de un Actímetro (disponible en el Institut Ferran de
Reumatología) permite cuantificar el grado de actividad del paciente
y evaluarlo con el paso del tiempo.
b. Tratamientos farmacológicos
Los tratamientos farmacológicos van encaminados a aliviar los
síntomas específicos. Los pacientes se muestran hipersensibles a los
fármacos, en especial lo que afectan el sistema nervioso central,
por ello, la estrategia consiste en comenzar con dosis muy bajas que
se irán aumentando gradualmente según la necesidad. Es especialmente
importante no utilizar fármacos que no sean realmente efectivos en
la clínica del enfermo y esten plenamente justificados, así por
ejemplo, la utilización de antidepresivos o psicofármacos en
general, no ha demostrado efectividad de no existir una comorbilidad
clara asociada a la enfermedad, razón por la que deben
desaconsejarse.
Existen varias opciones de tratamiento sintomático farmacológico,
aunque los más aplicados por expertos internacionales, se basan en
un intento de recuperar la función mitocondrial, que se ve afectada
en la mayoría de los casos. Esta estrategia es la que aplicamos en
nuestra Unidad de Tratamiento de la Fatiga
Anormal.
En
algunos casos muy seleccionados, se utilizarán tratamientos
antivirales, algunos de los cuales se encuentran en fase de estudio
avanzado. El Valganciclovir parece ser ser un fármaco prometedor,
así como algunos fármacos antirretrovirales, que han tomado más
fuerza, si cabe, desde el hallazgo del virus XMRV en un grupo de
enfermos con SFC. Un
reciente trabajo, nos indica que el virus XMRV sería sensible a
la Zidovudina, uno de los más históricos antirretrovirales.
Un
trabajo de Lerner et al. (2010) con seguimiento de seis
meses, informa de la eficacia de los tratamientos antivirales (Valaciclovir/
Famciclovir/ Valganciclovir) en personas con SFC y virus de la
familia del herpes -EBV CMVHHV6-, determinado por elevación de los
títulos de IgM (enlace
al artículo).
Casi todos los enfermos se beneficiarán de un proceso de
Inmunomodulación, que puede efectuarse con fármacos o con principios
activos en otras presentaciones, como por ejemplo el Shiitake, que
ha demostrado capacidad para elevar la actividad de las células NK,
que se han relacionado con la gravedad de la enfermedad (enlace
externo a la cita). Estos
tratamientos acostumbran a perder efectividad en pocos meses y deben
ser alternados.
Un
artículo publicado en Octubre de 2011 por un equipo colaborativo de
oncología, inmunología y neurología de hospitales noruegos, parece
confirmar comunicaciones previas sobre la posible eficacia del
Rituximab, un fármaco que produce depleción de los linfocitos CD20 (enlace
externo a la publicación y
enlace interno al artículo
traducido), lo que abunda en la amplia
documentación prexistente de la fisiopatogenia autoinmune de la
enfermedad. Este fármaco ya ha sido utilizado por
nuestro equipo en algunos pacientes graves con SFC como tratamiento
compasivo y actualmente estamos preparando un ensayo clínico sobre
biosimilares al Rituximab en el contexto de la Fatiga Anormal y
patologías inflamatorias.
Deben evitarse los fármacos inmunosupresores globales, como por
ejemplo los derivados de la cortisona, a no ser que se haya
demostrado una hipofunción específica en su secreción o exista otra
enfermedad asociada que justifique su utilización. También deben
evitarse los "inmunoestimulantes globales". En el SFC no existe casi
nunca una inmunodepresión o una inmunoestimulación concreta, se
trata más bien de un estado de inmunoalteración.
c.
Dieta y entorno
En
algunos enfermos con Intolerancia Química Múltiple, la utilización
de un programa dietético, parece mejorar su calidad de vida. Puede
saber más en este
enlace interno.
El
contacto específico con sustancias químicas (por ejemplo una casa
nueva, un mueble, colocar parquet, productos de limpieza, etc.) debe
ser evaluado para detectar posibles causas de empeoramientos.
En
cualquier caso, seguir una dieta sana y equilibrada, evitando en la
medida de lo posible los aditivos y las sustancias químicas, parece
una medida de salud muy conveniente para estos enfermos y
recomendable para todos en general que debería extenderse a todos
los contactos tóxico-químicos evitables sin un aislamiento del
entorno.
d.
Reposo
Es
tal vez la medida más efectiva. El SFC no es una enfermedad que se
produzca por la falta de entrenamiento ni nada tiene que ver con la
práctica de ejercicio.
El
enfermo con SFC no debe "forzar la máquina", debe adaptarse a la
realidad clínica de su enfermedad, que oscilará con el tiempo y
reconocer que existe "un antes y un después de la enfermedad" que
afectará a sus objetivos y a sus posibilidades. Muchas veces
necesitará apoyo psicológico experto para ayudarle a afrontar las
limitaciones de la enfermedad y asesorarle sobre la relación con sus
allegados.
En
general, el enfermo debe realizar el reposo que el cuerpo le
requiera, aunque debe mantener un cierto grado de actividad física
que evite su atrofia. Esto puede conseguirse con sencillos programas
que nunca deben incrementar la fatiga al día siguiente.
Los
enfermos con SFC más grave (aproximadamente un 25%), deben adoptar
medidas especiales que puede consultar en este
enlace interno.
Mucha atención
Hay que huir muy
especialmente de los llamados "productos milagro", que ofrecen sin
ser ni siquiera fármacos ni haber sido sometidos a ninguna
evaluación crítica científica, la "curación" o una "gran mejoría".
Si Vd. se ha sido afectada/o por este tipo de venta, le recomendamos
que lo denuncie ante el llamado Observatorio de Productos Milagro
de la Organización Farmacéutica Colegial (puede hacerlo en cualquier
oficina de farmacia) y en el foro Contra los Productos Milagro en la
dirección que indicamos a continuación:
http://es.groups.yahoo.com/group/productos_milagro/
¿Que entendemos por Productos Milagro?
Entendemos por “producto milagro” todo tipo de productos,
materiales, sustancias, energías o métodos que se anuncian o
presentan como útiles para el diagnóstico, prevención o tratamiento
de enfermedades o desarrollos fisiológicos, modificación del estado
físico y psicológico, restauración, corrección o modificación de
funciones orgánicas y que se presentan a los consumidores a través
de la publicidad ofreciendo una serie de ventajas que a priori no
están avaladas por pruebas científicas.
VI. Apoyo al paciente
a. Pautas para seleccionar un grupo de apoyo
Los pacientes tal vez hallen positivo reunirse con otros que tengan
su misma enfermedad, y esto es lo que a menudo se consigue al
incorporarse a un grupo de apoyo a enfermos de Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC). Sin embargo, los
grupos de apoyo no les convienen a todas las personas. En algunos
casos, estos agravan el estrés, en vez de aliviarlo.
Es importante que solicite siempre en
su asociación de enfermos la relación de los miembros del Comité
Científico de la misma, pues son una garantía de calidad y enfoque
riguroso de la enfermedad. Le recomendamos que evite incorporarse a asociaciones que no
dispongan de Asesor o Comité Científico establecido y diferenciado
para Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica.
b. Analizar con cuidado la información sobre el Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC)
Ya que la causa del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) todavía no se ha identificado y su efecto
en el organismo no se comprende completamente, de forma periódica se
distribuyen ampliamente nuevas opiniones no contrastadas sobre
remedios y causas. Tal vez se basen en uno o más informes recientes
aparecidos en publicaciones científicas o quizá sean una ampliación
de los comentarios coyunturales que ofrecen médicos o científicos en
algunas convenciones médicas. En algunos casos, el origen no está
muy claro. Incluso los trabajos de calidad no están libres de
limitaciones y errores. Además, toda obra publicada debe verificarse
y completarse antes de aplicarse con garantías en situaciones
clínicas.
En
Internet, intente tomar como referencia solo páginas que incluyan
sellos de calidad reconocidos como
Web Médica Acreditada.
No es práctico asimilar toda la información que se publica sobre el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Hay que ser muy precavidos con la información que prometa una
curación segura o que aluda a una lesión patológica como resultado
del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Las preguntas específicas deben tratarse con el médico del
paciente, las instituciones de sanidad locales o estatales, o alguna
organización que dé apoyo al paciente, siempre y cuando ésta cuente
con una asesoría científica definida.
El SFC y las Vacunas antigripales
Es
frecuente que seamos consultados acerca de la utilización de vacunas
antigripales en pacientes con SFC. Salvando la individualidad del
estudio inmunológico de cada enfermo, la evidencia publicada parece afirmar
la conveniencia de la vacunación (enlace
externo a la cita), pues no empeoraría los síntomas
en la mayoría de enfermos y produce una protección eficaz antiviral.
Algunos expertos se muestras contrarios a este criterio que, en
nuestra opinión, debe adaptarse a la situación inmunológica de cada
paciente.
Esto, que parece válido para la gripe estacional, no lo es para la
vacunación contra la Gripe A (N1H1), de no pertenecer a un grupo de
riesgo.
Anteriores vacunaciones sin empeoramientos o la presencia de
enfermedades asociadas, como por ejemplo la diabetes o enfermedades
pulmonares o cardíacas, indican aún más la vacunación.
Hasta el momento, nuestra recomendación global pasaba por la vacunación de gripe
estacional, si el paciente tenía unas NK bajas, utilizando
solamente vacunas de subunidades víricas (Grupo III), que son menos reactógenas y sin
potenciadores de la respuesta inmunitaria. En la actualidad, y con
la posibilidad de infección por un retrovirus (XMRV) es sensata la
recomendación de evitar la vacunación en aquellos pacientes con
claro diagnóstico de SFC, pues las vacunas pueden favorecer la
replicación de los retrovirus presentes en las células infectadas.
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