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La Fibromialgia (FM) y el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) son dos enfermedades
diferentes pero con una forma de presentación y síntomas
aparentemente similares, lo que confunde muchas veces al no experto. El
diagnóstico diferencial entre ambas y el descartar otras posibles
causas de dolor y fatiga, es fundamental para un correcto enfoque
diagnóstico, pronóstico y terapéutico.
Es de especial relevancia el
diagnostico preciso entre el concepto de "Fatiga
Crónica", que
es un síntoma que puede
acompañar a muchas enfermedades de todo tipo (incluidas las
psiquiátricas) y el Síndrome de Fatiga Crónica Postviral (SFC) o
Encefalomielitis Miálgica,
que es una entidad que comparte código diagnóstico por sus
similitudes en la definición clínica.
Recientemente, una comisión (CFS Name Change
Advisory Committee)
para la modificación del nombre de esta enfermedad ha resulto que la
denominación Síndrome de Fatiga Crónica / Encefalopatía Miálgica,
sería la más adecuada.
Es muy frecuente la confusión entre Síndrome
de Fatiga Crónica y Trastorno Depresivo Mayor, cuando el diagnóstico
de SFC no puede establecerse ante un Trastorno Depresivo Mayor
activo
correctamente diagnosticado, pues es una enfermedad excluyente para
el mismo. El proceso de diagnóstico diferencial entre ambas es
sencillo y está bien documentado (enlace
externo a la cita).
En 1988,
Holmes y colaboradores
respondieron a un propuesta del CDC con una forma de clasificación provisional de la "fatiga o
astenia crónica" que no distinguía el SFC de otros tipos de
cansancio indeterminado, por eso, en 1990 una nueva comisión,
también promovida promovida por el CDC aprobó los actuales criterios
de definición de caso (Fukuda
K, Straus SE, Hickie I, Sharpe MC, Dobbins JG, Komaroff A, and the
International CFS Study Group. The chronic fatigue syndrome: a
comprehensive approach to its definition and study.Annals of
Internal Medicine, Vol. 121:pages 953-959, 1994) que son los
internacionalmente aceptados. Los criterios de Holmes no deben ser
utilizados para el diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica como lo
conocemos actualmente, pues no contemplan como requisito la
evaluación del impacto cognitivo que hoy consideramos esencial.
Posteriormente (2003) se publicó una nueva propuesta de Criterios
Diagnósticos, conocidos como "canadienses" que se han mostrado más
eficaces para diferencias casos de verdadero SFC/EM de otras causas
de fatigabilidad anormal.
El Síndrome de Fatiga Crónica Postviral (SFC) (que es diferente del síntoma "Fatiga
Crónica" o de otras causas de "fatiga anormal") es una enfermedad
reconocida por todas las organizaciones médicas internacionales y
por la OMS. Está clasificada con el código G93.3 de la
Clasificación
Internacional de Enfermedades (CIE-10 en su última revisión) y
anteriormente, en la CIE-9 MC (paradojicamente muy utilizada en
España todavía) se clasificaba como 780.71 dentro de un apartado
para "síntomas y signos inclasificables". Resulta interesante
conocer la
historia de su
evolución en la clasificación internacional (pdf en inglés).
Cuando el paciente no cumple características postvirales o de
Encefalomielitis Miálgica (por ejemplo por ausencia de impacto
cognitivo), debería ser clasificado como "Fatiga Crónica" con el
código R53.82 del CIE-10. Otra posible justificación de "fatiga
anormal no SFC" es la Neurastenia, que se clasifica como F48.0 en el
CIE-10.
Una de las características más específicas del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC) es el impacto
cognitivo que sufren los enfermos y que, por definición debe
afectarle en más de un 50% de lo que sería su rendimiento habitual,
situación que marca la principal diferencia con la Fibromialgia (enlace
externo a la cita)
junto con la intensa fatigabilidad post-esfuerzo y la presencia de
signos inespecíficos.
Existen diversas medidas validadas para cuantificar este impacto
cognitivo,
entre las que recomendamos el CogHealth (*), un test básico que puede realizarse a
través de este
enlace externo.
Si su médico del IFR lo estima oportuno, podrá realizar este test en
nuestras instalaciones durante su visita, cosa que no siempre es
procedente por el impacto oscilante de la enfermedad. Si este test
básico resulta positivo, nuestros neuropsicólogos pueden
recomendarle la realización de pruebas más sofisticadas.
(*) CogHealth®
es un test (en varios idiomas, incluyendo el castellano) diseñado
por la compañía australiana CogState®,
utilizado para valorar deterioros cognitivos en Alzheimer,
Esclerosis Múltiple y otras muchas enfermedades que afectan el
Sistema Nervioso Central. La realización del test es gratuita, pero
la corrección e informe del test es mediante pago a la citada
compañía y puede realizarse a través de Internet. IFR no mantiene
ningún interés comercial con esta empresa.
La prevalencia del SFC/EM es muy homogénea en todos los países donde
se ha analizado y tanto en áreas rurales como urbanas (enlace
externo a un estudio reciente en Nigeria), siempre y cuando se hayan utilizado los mismos
criterios diagnósticos para su definición y se hallan aplicado
escrupulosamente los criterios de exclusión. Actualmente se acepta
una prevalencia entre el 0,2 y el 0,5 % de la población general, que
es una cifra importante pero relativamente baja comparada con la
inmensa cantidad de personas que afirman sufrir Síndrome de Fatiga
Crónica o que incluso están diagnosticados. Datos más recientes
(2007), aumentan la prevalencia de cuadros SFC-like hasta el 2,54 %,
(personas que afirmaban cumplir los criterios diagnósticos mediante
una encuesta telefónica en Georgia, Estados Unidos -enlace
externo al artículo-).
Esta distribución homogénea, no establece diferencias entre
hábitos de vida, dieta, clima, etc. , por lo que parece que la
influencia de estos factores en el desarrollo de la enfermedad no
deben tener una gran influencia.
Aproximadamente entre un 20 y un 25 % de enfermos con Síndrome de
Fatiga Crónica presentarán una forma muy severa de la enfermedad o
evolucionan hacia ella desde formas más moderadas. Este grupo, tiene
características diferenciales que son abordadas desde nuestra página
"25 % SFC".
El
nivel de evidencia científica sobre la realidad del SFC es muy alto,
siendo una de las enfermedades más estudiadas en los últimos años. Puede obtener información
básica
sobre Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) accediendo a la
página del CDC
sobre ésta enfermedad
-enlace externo-.

¿Qué es el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC)?
El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) (Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC)) es una enfermedad grave compleja y
debilitante
caracterizada
por una fatiga intensa, física y mental, que no remite, de forma
significativa, tras el reposo y que empeora con
actividad física o mental. La aparición de la enfermedad obliga a
reducir sustancialmente la actividad y esta reducción de actividad
se produce en todas las Actividades de la Vida Diaria (AVD).
El impacto del SFC en la vida del enfermo es demoledor, tanto por la
enfermedad en sí misma como por el aislamiento e incomprensión del
entorno, de hecho, las medidas validadas de calidad de vida, cuando
se comparan con otras enfermedades, evidencian que el SFC es una de
las enfermedades que peor calidad de vida lleva aparejada.
Además de estas características básicas, algunos pacientes de
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) padecen
diversos síntomas inespecíficos, como debilidad muy especial en las
piernas, dolores musculares y articulares, deterioro
de la memoria o la concentración, intolerancia a los olores, insomnio
y una muy lenta recuperación, de forma que la fatiga persiste más de veinticuatro horas después de un
esfuerzo.
Casi siempre la enfermedad es crónica (curaciones inferiores al
5-10%) y de un
gran
impacto en la vida del enfermo. De hecho, la mejor medida del
impacto de la enfermedad es evaluar las actividades previas y
posteriores a la instauración de la enfermedad, tanto en la esfera
física, como en la intelectual, aunque disponemos de escalas
validadas de Clasificación de la Severidad e Impacto de la
Fatigabilidad Anormal en un paciente concreto, como por ejemplo la
Escala IFR de Fatigabilidad Anormal
(pdf en castellano 43 Kb. /
pdf
en català 43 Kb.).
Todavía se
desconoce la causa del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y no disponemos de pruebas específicas de diagnóstico, pero
la mayor parte de
grupos de estudiosos creen que las infecciones
(sobre todo las producidas por determinados virus), la respuesta
autoinmune y los
agentes tóxicos o las sustancias
químicas, pueden desencadenar la enfermedad incluso a dosis
consideradas "de seguridad" para la mayoría de la población.
Recientes trabajos de expresión génica que describen subgrupos en la
enfermedad, parecen afirmar la relación con las sustancias tóxicas (enlace
externo a la cita).
Las
más modernas hipótesis etiopatogénicas apuntan a una coexistencia
de: Factores Predisponentes (genética, inactividad física en la
infancia, inactividad tras mononucleosis...), Factores
Desencadenantes (severo estrés físico o psíquico, infecciones,
sustancias químicas...),
Factores de Perpetuación y Factores Pronósticos.
Durante algún tiempo se pensó que el Virus de Epstein Barr (EBV) era
el causante del SFC, pero posteriormente se ha visto que no tiene
mayor participación que otras posibilidades, aunque el demorar la
vuelta a la normalidad y a la actividad física tras una
Mononucleosis, parece ser que favorece el desarrollo del SFC.
En
definitiva se trata de que, en personas con cierta predisposición en
la que la genética parece tener un peso relevante, determinados
estímulos, esencialmente virales o tóxicos, producen una alteración
de los sistemas inmunológicos, endocrinológicos y neurológicos del
cuerpo que pueden quedar afectados de forma permanente, haciéndose
más sensible a otras infecciones o a reactivaciones de los mismos
virus y produciendo síntomas muy relevantes.
Puesto que numerosas afecciones presentan fatiga incapacitante,
antes de diagnosticarla debe ejercerse mucha cautela para no
descartar otras dolencias conocidas que con frecuencia cuentan con
tratamiento (como por ejemplo algunas enfermedades infecciosas como
la Enfermedad de Lyme o Borreliosis). Es por ello que, en el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), el diagnóstico diferencial juega
un papel crucial que no debería ser asumido por la asistencia
primaria.
En
este tipo de enfermedades, la búsqueda de una segunda opinión puede
ser una decisión acertada. Lamentablemente esta "segunda opinión" no
se podrá obtener con facilidad en centros no específicos, razón por
la cual recomendamos acudir a unidades especialmente dedicadas que
figuran en el
listado del Instituto de Salud Carlos III, sin perjuicio de que
puedan existir otras unidades de igual capacidad o profesionales a
título individual que conozcan perfectamente esta patología.
Definición de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
Se ha debatido mucho sobre la mejor descripción del Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC). Con el fin
de adoptar
una
solución, un comité de expertos (Fukuda y CDC) esbozaron en 1994 una
definición (criterios diagnósticos) que sirviera tanto a investigadores como a quienes han de
emitir diagnósticos. En esencia, debe cumplirse lo siguiente:
-
Padecer una fatiga crónica física y mental grave no previamente
existente (impacto superior al 50 % de la actividad y capacidad
habitual, incluyendo la actividad laboral, educacional, social y
personal) durante seis o más meses que, según un diagnóstico
clínico, que no pueda ser atribuída a ninguna enfermedad conocida
-
Tener en la actualidad cuatro o más de los siguientes síntomas:
deterioro sustancial de la memoria o la concentración a corto plazo,
faringitis o amigdalitis, nódulos linfáticos sensibles, mialgias,
artralgias múltiples sin hinchazón o eritema, cefaleas de una clase
e intensidad no sufrida anteriormente, alteración del sueño y
malestar que persiste más de veinticuatro horas después de un esfuerzo.
Estos síntomas tienen que haberse presentado, persistente o
recurrentemente, durante un mínimo de seis meses consecutivos y no
haber precedido a la fatiga.
-
Son Criterios de Exclusión: Una condición médica que pueda
justificar la fatiga, trastorno depresivo mayor o trastorno bipolar,
esquizofrenia, demencia, anorexia nerviosa, bulimia, enfermedades
autoinmunes activas, SIDA, alcoholismo o
abuso de sustancias, obesidad grave (> 45% IMC).
Puede ampliar esta información en éste
enlace externo a Co-cure.
Nueva Propuesta de Criterios
Como decíamos antes, en
2003, un Grupo de Expertos internacional, convocado por el
Departamento de Salud del Canadá (Health Canada) publicó unos nuevos
Criterios de Definición de Caso de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
Actualmente debería aclararse siempre si el paciente cumple los
criterios CDC de 1994 y/o los criterios canadienses de 2003 en su
diagnóstico. Los criterios son los siguientes:
|
Una persona con Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y/o
Encefalomielitis Miálgica (Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) / EM) deberá reunir los
siguientes criterios para el diagnóstico y no tener ningún
criterio de exclusión: |
-
Cansancio o agotamiento extremo
-
Malestar y/o cansancio post esfuerzo
-
Trastornos del sueño
-
Dolores musculares y/o
articulares
-
Presentar dos o más manifestaciones neurocognitivas
-
Uno
o más síntomas de dos de las categorías de manifestaciones
neurovegetativas, inmunológicas y neuroendocrinas
-
Cumplir con el ítem 7 (duración en el tiempo).
Desarrollo de ítems: |
|
1.
Cansancio o agotamiento extremo:
El paciente deberá presentar un grado significativo de
cansancio físico y mental inexplicable, de un nuevo
comienzo, persistente y recurrente, que reduzca
substancialmente el nivel de su actividad habitual.
2.
Malestar o cansancio post esfuerzo:
Hay una inapropiada pérdida de la resistencia física y
mental, una rápida fatigabilidad muscular y cognitiva,
malestar y/o cansancio postesfuerzo; dolor; tendencia a que
empeoren otros síntomas asociados dentro del grupo de
síntomas que presenta el paciente. El periodo de
recuperación es patológicamente lento, pudiendo llevar 24
hs. o más.
3.
Trastornos en el sueño:
Se presenta bajo la forma de un sueño poco reparador o de
trastornos en el ritmo y en la cantidad de sueño, como un
sueño invertido o sueño diurno caótico.
4.
Mialgias:
Hay un significativo grado de mialgias. El dolor puede
experimentarse en los músculos y/o en las articulaciones, y
es a menudo de naturaleza extendida y migratoria. El dolor
de cabeza es de un nuevo tipo, patrón y severidad.
5.
Dos o más de los siguientes trastornos neurocognitivos
deberán estar presentes:
Confusión, desorientación, falta de concentración y de
atención, fallas en la memoria de corto plazo, dificultades
en el procesamiento de la información, en la recuperación y
clasificación de palabras (no encontrar las palabras y/o
nombrar los objetos); trastornos sensoriales y perceptivos,
tales como: inestabilidad, desorientación espacial e
inhabilidad para focalizar la atención. Ataxias. Debilidad
muscular. Puede haber fenómenos de sobrecarga como por
ejemplo: fotofobia, hipersensibilidad a los ruidos.
Situaciones de sobrecarga emocional pueden conducir a
períodos de ansiedad o episodios de quiebre emocional
cargados de angustia.
6.
Por lo menos un síntoma de las siguientes categorías:
a) Manifestaciones Neurovegetativas:
Intolerancia ortostática, trastornos en el intestino con o
sin Colon Irritable, frecuencia urinaria aumentada con o sin
disfunciones en la vejiga, palpitaciones con o sin arritmias
cardiacas, inestabilidad vasomotora y trastornos
respiratorios.
b) Manifestaciones Inmunológicas:
Inflamación de ganglios, dolor y/o ardor de garganta,
recurrentes estados gripales, malestar general, aparición de
nuevas alergias o cambios en las alergias preexistentes,
hipersensibilidad a los medicamentos y/o a los químicos.
c) Manifestaciones Neuroendocrinas:
Pérdida de la estabilidad termoestática, intolerancia al
frío y/o al calor, falta o excesivo apetito, hipoglucemia,
pérdida de la adaptabilidad y de la tolerancia al estrés,
empeoramiento de los síntomas con el estrés, y labilidad
emocional.
7.
La enfermedad persiste por lo menos 6 meses:
Normalmente presenta un comienzo agudo, pero también puede
comenzar en forma gradual. Un diagnóstico preliminar se
puede realizar en forma temprana. Tres meses es apropiado
para niños.
|
EXCLUSIONES
Se excluye cualquier proceso de enfermedad activo que
explique la mayoría de los síntomas de cansancio,
trastornos en el sueño, dolor y disfunciones cognitivas:
-
Enfermedad de Addison
-
Síndrome de Cushing
-
Hipotiroidismo
-
Hipertiroidismo
-
Tiroiditis
Autoinmune
-
Deficiencia de hierro y otras formas tratables de
anemia
-
Diabetes
-
Cáncer
También hay que excluir:
-
Trastornos
del sueño tratables como la Apnea del Sueño
(SAOS).
-
Trastornos
infecciosos o
inmunológicos establecidos como el SIDA, las
Hepatitis. Tuberculosis, Lyme...
-
Desórdenes neurológicos como la Esclerosis Múltiple,
Parkinson, Miastenia Gravis.
-
Trastornos reumatológicos como la Artritis Rematoide,
Lupus, Polimiositis y Polimialgia Reumática.
-
Trastornos
psiquiátricos primarios.
-
Abuso de sustancias y yatrogenia.
|
|
ENFERMEDADES COMÓRBIDAS
-
Fibromialgia
-
Síndrome del Dolor Miofascial
-
Síndrome de la Articulación Temporomandibular
-
Síndrome del Intestino Irritable
-
Cistitis Intersticial
-
Síndrome de la Vejiga Irritable
-
Fenómeno de Raynaud
-
Prolapso de la Válvula Mitral
-
Depresión
-
Alergias
-
Sensibilidad Química Múltiple
-
Tiroiditis de Hashimoto
-
Síndrome Seco
|
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Patologías similares
Se han señalado una serie de enfermedades que cuentan con una cuadro
sintomático similar al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), entre las que figuran el síndrome de
fibromialgia, la
encefalomielitis miálgica
(que aunque se encuentra ubicada en el mismo epígrafe de enfermedad
actualmente tiene algunas características diferenciales), la neurastenia, la
sensibilidades químicas múltiples (actualmente conocida de forma
poco apropiada en nuestra opinión, como
Sensibilidad Ambiental Idiopática)
y la mononucleosis crónica. Aunque en tales afecciones la fatiga tal
vez no sea el síntoma principal, sí se presenta en todos los casos y
se acompaña de alteraciones de los sistemas neurológicos,
inmunológicos y endocrinos.
Otras patologías con síntomas similares
En el caso del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC), existen enfermedades y condiciones que resultan
incompatibles con el diagnóstico (son lo que se conoce como
"criterios de exclusión", por ejemplo el
Episodio
Depresivo Mayor, el
Trastorno de Estrés Postraumático (TEP/PTSD) o la
obesidad morbida
(IMC >35-45 %), entre otras.
Además, existen otras enfermedades que a menudo
tienen tratamiento y que pueden provocar fatiga. El diagnóstico de
alguna de tales afecciones descartaría el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC), a menos que se hayan
tratado suficientemente y ya no sean la fuente de la fatiga o de
otros síntomas. Entre ellas se encuentran el hipotiroidismo, las
cardiopatías, la
apnea del sueño y narcolepsia, los trastornos depresivos graves, la mononucleosis crónica, los trastornos bipolares, la esquizofrenia,
los trastornos del apetito, el cáncer, las enfermedades autoinmunes,
los trastornos hormonales , las infecciones subagudas, la obesidad,
el abuso de alcohol y sustancias adictivas, y las reacciones ante
medicamentos.
Es
también muy importante tener en cuenta que en el proceso de
diagnóstico diferencial del Síndrome de Fatiga Crónica deben
descartarse la
hipocondría, el
trastorno de
conversión, la
somatización y el
trastorno
somatomorfo.
Otros síntomas comunes
Además de los ocho síntomas principales que constituyen la
definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), algunos pacientes han experimentado otros
síntomas, que se presentan con frecuencia entre el 20% y el 50% de
los casos. Tales manifestaciones abarcan dolor abdominal,
intolerancia al alcohol, flatulencia, dolor pectoral, tos crónica,
diarrea, mareo, sequedad en los ojos y boca, dolor de oído, arritmias
cardíacas, dolor en la mandíbula, rigidez matinal, náuseas, sudor
nocturno, trastornos psicológicos (depresión, irritabilidad,
ansiedad, ataques de pánico), ahogo, sensibilidad dérmica, sensación
de hormigueo y pérdida de peso.
Es
importante saber que el aspecto externo del enfermo no tiene porqué
variar y de hecho la afirmación "...pues tienes buena cara", es
realmente ofensiva para el paciente porque encierra una cierta dosis
de duda. Ante este planteamiento una buena respuesta es que
el SFC no es una enfermedad de la
cara, sino de los órganos
internos del cuerpo.
Estudio demográfico
Diversos estudios han contribuido a determinar el alcance y la
frecuencia del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Aunque ninguno ha de considerarse definitivo,
pues cada uno tiene puntos fuertes y débiles, los estudios
epidemiológicos han ayudado a comprender mejor cuál es la extensión
de la enfermedad, qué grupo es el más proclive a contraerla, si es
contagiosa y cuál es la evolución típica en los pacientes.
a. La extensión del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
De 1989 a 1993, el Centro para el Control y Prevención de
Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), de los Estados Unidos, emprendió uno
de los primeros estudios con el fin de determinar la extensión de la
enfermedad. Se pidió a facultativos de cuatro ciudades de Estados
Unidos que enviaran posibles pacientes para una evaluación clínica.
El estudio reveló que de 4 a 8,7 de cada 100.000 estadounidenses de
18 años o mayores que reciben atención médica padecen Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) y reciben
atención médica. Sin embargo, esta valoración inicial resultó ser un
cálculo demasiado bajo que no reflejaba la realidad de la población
norteamericana, pues no se seleccionaron al azar los lugares donde
se tomaron las muestras de población. Un estudio reciente llevado a
cabo en la región de Seattle reveló que de 75 a 265 de cada 100.000
personas sufren la enfermedad. Este resultado es similar al obtenido
en San Francisco: 200 de cada 100.000 personas (con una cuadro
clínico similar al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), pero sin diagnóstico clínico). En general se
calcula que en Estados Unidos, medio millón de personas presentan
una cuadro sintomático similar al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
En España se admite que sufre la enfermedad entre un 0,2 y un 0,5%
de la población general, que es la proporción que se registra de
forma homogénea en el resto del mundo en que se han realizados
estudios.
b. ¿Quién contrae el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)?
Esta pregunta no tiene una respuesta específica. El estudio
realizado
en cuatro ciudades mostró que el 98% de los pacientes eran de
raza blanca, el 85% eran mujeres y la media de edad se situaba sobre
los 30 años. Más del 80% había recibido una formación avanzada y la
tercera parte procedía de familias con ingresos elevados. No
obstante, estos datos solo contemplan a pacientes que reciben
atención médica. En la actualidad, las pruebas indican que el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
afecta a todos los grupos raciales y étnicos, y a ambos sexos. El
estudio de Seattle reveló que el 59% de los los pacientes eran
mujeres y el 83% eran de raza blanca. Este último dato no es
representativo ya que más del 90% de los que participaron en el
estudio eran de raza blanca. El estudio de San Francisco reveló que
los síntomas se daban con mayor frecuencia en mujeres, jóvenes con
ingresos anuales inferiores a los 40.000 dólares y personas de raza
negra, y con menor frecuencia en individuos de raza blanca y
asiática.
Aunque los adolescentes pueden padecer la afección, se han publicado
pocos informes al respecto. Un reciente estudio del CDC observó que
la incidencia del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) en adolescentes de entre 12 y 18 años de edad
es sustancialmente menor que en los adultos, y no halló pruebas de
que afectara a menores de 12 años. Algunos investigadores han
afirmado haber observado un conjunto de síntomas similar al Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC) en
pacientes menores de 12 años, si bien no corresponde totalmente con
lo observado en adultos y adolescentes. Aunque los efectos de la
enfermedad en adolescentes y adultos presentan numerosas
similitudes, es sumamente importante que los problemas inherentes a
los adolescentes (por ejemplo, la interrelación familiar, social y
de salud, la educación y la relación con los compañeros) se
consideren parte de la atención médica. Es igualmente importante
mantener informados a los pacientes, a los padres y a las
autoridades escolares. En la actualidad, el CDC y los Institutos
Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) están
efectuando estudios en niños y adolescentes.
Hoy
en día existen grupos especializados en descubrir las mutaciones
genéticas que pueden hacer que la persona se vuelva "vulnerable" a
sufrir un Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) frente a determinados estímulos
(infecciones virales, pesticidas, insecticidas en dosis bajas, etc.).
c. ¿Es contagioso?
No existen pruebas que demuestren que el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC) sea contagioso. Las
enfermedades contagiosas (brotes o epidemias) suelen darse en grupos
bien definidos. Ciertos estudios iniciales que se llevaron a cabo
sobre dolencias relacionadas con la fatiga, como los de Incline
Village (Nevada) y Punta Gorda (Florida), se han presentado como
argumento de que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es contagioso. Sin embargo, estos informes
no documentaron con rigor la incidencia en la transmisión humana. Por
si fuera poco, tales estudios no incluyeron a pacientes que hubieran
recibido un diagnóstico que correspondiera al criterio del Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC). Por
lo tanto, tales grupos no pueden tomarse como prueba de brotes de
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). El CDC ha colaborado con las autoridades sanitarias estatales
con el fin de investigar posibles brotes de enfermedades
relacionadas con la fatiga, pero hasta la fecha no se ha verificado
ningún grupo que presente Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
En toda enfermedad contagiosa existe un origen infeccioso. Los
estudios exhaustivos de casos y testigos que se han efectuado en
pacientes que contaban con un diagnóstico riguroso de Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) no han
ofrecido ninguna relación entre la enfermedad y un gran número de
agentes causantes de enfermedades en el ser humano (véase la sección
"Posibles causas"). Además, tales estudios no vincularon con el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
ninguna de las características de comportamiento tradicionalmente
relacionadas con las enfermedades contagiosas, como toma de drogas
vía intravenosa, exposición a animales, actividad laboral, historial
de viajes, o actividad sexual. Por consiguiente, parece improbable
que la enfermedad sea contagiosa. Sin embargo, la falta de pruebas
de que afecta a grupos concretos, la ausencia de relación entre el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y determinados rasgos de comportamiento y el no haber detectado
una mayor incidencia de infección en los los pacientes no descarta
la posibilidad de que haya ciertos agentes implicados en el
desarrollo de esta enfermedad. Por ejemplo, aún siguen sin responder
importantes preguntas sobre la reactivación de virus latentes (como
el Herpesvirus humano de tipo 6) y la función que desempeñan los agentes
infecciosos en algunos casos.
En
todo caso y como medida de precaución, la Cruz Roja Americana y los
informes más actuales de expertos,
recomiendan a estos pacientes no ser donantes de sangre ni de órganos
por una norma básica de cautela al ser de causa desconocida y saber
que, al tener muchos enfermos un componente importante de bajo
volumen plasmático, la donación de sangre les puede, potencialmente,
empeorar el cuadro.
d. Evolución clínica
Es fundamental comprender la evolución clínica del Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) a fin de
facilitar la comunicación entre médico y paciente, evaluar posibles
tratamientos nuevos y abordar asuntos como las aseguradoras y la
discapacidad.
La evolución clínica de la enfermedad varía considerablemente. Se
desconoce el porcentaje real de pacientes recuperados, pero se
piensa que es inferior al 5-10%, incluso sigue siendo tema de debate lo
que se entiende por recuperación. Hay pacientes que se recuperan
hasta el punto de reanudar su actividad laboral, pero siguen
experimentando diversos síntomas (periódicos o no). Algunos con el
tiempo se recuperan completamente (muy pocos) y otros empeoran,
aunque lo más frecuente es que el paciente mantenga durante años un
grado estable de afectación que oscila mínimamente con periodos de
exacerbación y remisión parcial.
La enfermedad suele seguir una evolución cíclica (curso oscilante),
se alternan períodos de relativo bienestar con los de enfermedad,
pero manteniendo siempre un fondo de afectación importante que debe
cuantificarse en más del 50% del rendimiento habitual, tanto físico
como intelectual. Normalmente los pacientes no van empeorando, sino
que mantienen en un grado de afectación estable con exacerbaciones y
remisiones temporales. En sólo un 25% de los casos la enfermedad es
claramente progresiva hacia un empeoramiento.
El CDC continúa el seguimiento que inició a los pacientes que forman
parte del estudio en cuatro ciudades estadounidenses. La
recuperación (<5-10%) la define el propio paciente y tal vez no
signifique una desaparición completa de los síntomas.
e.
SFC y embarazo.
En
general, el embarazo es bien tolerado por las enfermas con SFC.
Aunque existen criterios discrepantes, nuestra experiencia clínica
es que la mayoría mejora con el embarazo, probablemente debido a un
componente hormonal y al aumento del volumen plasmático.
Según el grado de afectación, es conveniente enfocar el parto y la
lactancia de una forma específica y adaptada a cada caso.
Tras el parto, casi un 50% de enfermas mantienen durante uno o dos
años una discreta mejoría para retornar, posteriormente, a su nivel
de afectación habitual.
La
relación genética del SFC no hace, por el momento, recomendable
ningún tipo de consejo genético ni contraindicación al embarazo.
Posibles causas
Pese a la intensa investigación, todavía se desconoce la causa del
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Aunque no se descarta una única
causa, existe la posibilidad que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
constituya el punto final común de un cúmulo de factores
desencadenantes. Por ello, no debería suponerse que alguna de las
posibles causas que se detallan a continuación ha sido descartada
oficialmente o que se excluyen entre sí. Entre lo que se ha
propuesto como detonante del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) figura
el estrés (sin que exista en absoluto base minimamente sólida al
respecto), los tóxicos químicos, la infección vírica y patologías de modelo
autoinmune.
Algunos investigadores han propuesto que el SFC podía ser la
expresión de una "fobia al ejercicio". Los trabajos más recientes no
avalan en absoluto esta hipótesis (enlace
externo a la cita).
Otros han desarrollado también hipótesis al respecto de que la falta
de entrenamiento físico podía ser un factor importante en la
perpetuación de la enfermedad. Una vez más la evidencia científica
rechaza esta hipótesis (enlace
externo a la cita).
La investigación en Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) se dirige, muy especialmente, a la
localización de los genes implicados en la enfermedad, puede Vd.
encontrar detallada información al respecto en:
http://harvester.embl.de/harvester/Q9UI/Q9UI17.htm
y en nuestra propia página de
investigación. También se dirige a la búsqueda de marcadores
biológicos de la enfermedad, a la definición de subgrupos y a la
estratificación de la severidad de la fatiga mediante pruebas
objetivas.
Nuestro equipo está trabajando para definir marcadores
biológicos indicadores de la potencial severidad en el contexto de
la FM y del SFC, como por ejemplo
el trabajo sobre genotipos del gen COMT de nuestro equipo de
investigación que puede descargar desde este
enlace
interno (pdf en castellano 153 Kb.) y que nos ha permitido
descubrir un perfil genético diferenciado entre Fibromialgia y
Síndrome de Fatiga Crónica que afecta a las formas más severas de
ambas enfermedades (enlace
interno al abstract del trabajo -pdf en castellano 69 Kb.-
y al
artículo completo).
Esta investigación ha sentado la base para un estudio más amplio que
concluirá con el desarrollo de un Biochip para la orientación
pronóstica de las formas más severas de estas enfermedades
(enlace externo).
En mayo de 2006, el
CDC presentó los resultados de diversos estudios genéticos
en SFC que son consistentes con algunos de nuestros hallazgos y el
de otros grupos investigadores.
a. Agentes infecciosos
En un principio, debido a su parecido con la mononucleosis crónica,
se pensó que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) era consecuencia de una infección vírica, en
particular, del virus de Epstein-Barr (VEB). Ahora parece evidente
que el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) no puede deberse exclusivamente ni al
EBV ni a un único
agente infeccioso concreto conocido. No se ha establecido ninguna relación
clara entre el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y las infecciones provocadas por algún agente
patógeno humano conocido. El estudio de cuatro ciudades del CDC
tampoco halló relación alguna entre el Síndrome de Fatiga Crónica
(SFC) y las infecciones
causadas por una amplia gama de agentes patógenos humanos, como el
EBV, los retrovirus humanos, el herpes virus humano del tipo 6, los
enterovirus, la rubéola, la Candida albicans, y más recientemente,
los bornavirus y la micoplasma.
b.
Agentes tóxicos (pesticidas, insecticidas, productos químicos)
Las sustancias
químicas tienen un papel relevante en nuestro entorno y entramos en
contacto con ellas constantemente. Las personas con SFC y otras
enfermedades complejas, muestran en general una baja tolerancia a
los contactos químicos, lo que permite, en algunas ocasiones,
enfocar el tratamiento de una forma más efectiva. Valorar el papel
de las sustancias químicas en cada caso concreto de SFC es
importante y debe hacerse de forma metodológica.
Acceda, si lo desea a nuestra página de
Intolerancia Química Múltiple.
c.
Inmunología
Hay quienes han apuntado como causa de la enfermedad a una
disfunción inmunológica, como una producción inadecuada de
citoquinas (por ejemplo, la interleuquina 1) o una alteración en
ciertas funciones inmunológicas. Ahora mismo lo que está claro es
que los trastornos inmunológicos en los pacientes no alcanzan la
difusión que tradicionalmente se había atribuido a la enfermedad. Es
cierto que algunos investigadores han hallado en numerosos pacientes
inmunocomplejos y anticuerpos contra antígenos endógenos, los cuales
constituyen un signo característico de enfermedad autoinmune. Sin
embargo, no se ha observado el concomitante daño en los tejidos
típico de estas patologías.
Se ha descubierto que en los los pacientes
existen menos linfocitos citolíticos naturales (Natural Killer) o un descenso en la
actividad (NKCA) de estos en comparación con grupos de referencia sanos.
Esto parece ser debido a una disminución de la Perforina (Maher,
2005). Los enfermos con actividad NK más disminuida parecen tener
mayor afectación cognitiva.
Asimismo, se han observado diferencias en los marcadores de
activación de linfocitos T; pero, de nuevo, no todos los
especialistas han observado estas diferencias consistentemente. En
cualquier caso, las subpoblaciones linfocitarias parecen estar
aumentadas para CD38 y CD26 (marcador de activación celular) y
disminuidas para CD8 (una célula supresora). La producción de
anticuerpos parece incrementada, lo que favorece la aparición de
Inmunocomplejos Circulantes.
Parece interesante la hipótesis que afirma que una serie de
detonantes, como los tóxicos químicos o las infecciones víricas, tal vez den
paso a una manifestación crónica de citoquinas, y esta, al Síndrome
de Fatiga Crónica (SFC). Se
sabe que la administración de citoquinas en dosis terapéuticas
provoca fatiga, pero jamás se ha identificado en los pacientes un
cuadro característico de secreción crónica de citoquinas. Además,
algunos investigadores han observado cierta mejoría en pacientes que
han manifestado de forma continua niveles elevados de citoquinas
circulantes. Si existe una relación causal entre las citoquinas y el
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), es probable que sea compleja. Varios estudios también han
revelado que es probable que los pacientes tengan un historial de
alergias mayor que los grupos de referencia sanos. Las alergias
podrían ser un factor de predisposición, pero no puede ser el único,
ya que no todos los pacientes padecen alergia.
Se ha propuesto que la activación
anormal de la Ribonucleasa L (RNAsa L) o la aparición de alguna
fracción específica de esta, podría tener valor en el diagnóstico
del SFC. Por el momento esta
posibilidad se encuentra en el terreno de las hipótesis y la prueba
debe ser considerada experimental y sin valor clínico reconocido.
d.
Eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal (HPA, por sus siglas en
inglés)
Numerosos estudios de laboratorio han indicado que es posible que el
sistema nervioso central contribuya de forma decisiva. El estrés
físico o emocional que, según los informes, es un preludio común,
activa el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal, o eje HPA (por sus
siglas en inglés), lo que provoca un aumento en la producción de
cortisol y otras hormonas. El cortisol y la corticotropina (CRH, por
sus siglas en inglés), que también se produce a raíz de la
activación del eje HPA, influyen en el sistema inmunitario, así como
en una gran cantidad de sistemas corporales. Se hipotiza que dicha
activación continuada acaba produciendo un efecto inverso que
contribuye al desarrollo del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) en
personas susceptibles.
e.
Hipotensión Mediada Neuralmente (HMN)
El doctor Rowe y sus colaboradores efectuaron estudios a fin de
determinar si las alteraciones de la regulación autónoma del pulso y
la tensión arterial eran comunes en los enfermos con Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC).
Los investigadores se alertaron con esta posibilidad cuando
observaron una
coincidencia
parcial entre los pacientes y los que tenían HMN. La HMN puede
inducirse mediante una Prueba de Mesa Basculante (disponible con
expertos en SFC en
Clínica
CIMA, de Barcelona y en el
Laboratorio de Electrofisiología Cardiaca del Hospital Ruber
Internacional, en Madrid) en la que se coloca al paciente en
una tabla en posición horizontal y entonces, se bascula a setenta
grados, dejando al paciente en posición casi vertical (cabeza
arriba) durante
cuarenta y cinco minutos durante los que se observa su presión
arterial, su frecuencia cardíaca y los síntomas que el paciente
refiere. Bajo esa situación los que
padezcan HMN manifestarán un descenso de la tensión arterial, además
de otros síntomas característicos, como mareos, pérdida visual o
respuesta lenta a los estímulos verbales. Otros manifestarán
síntomas de
disautonomía (una falta de adaptación del Sistema Nervioso
Autónomo) sin una traducción en los datos de la prueba.
Muchos enfermos de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) experimentan cefaleas, mareos o su fatiga se agrava
cuando permanecen de pie durante períodos prolongados (o incluso
breves). Se sabe que
estas condiciones desencadenan HMN o cuadros similares. En cierto estudio se observó que
el 96% de los adultos que tenían un diagnóstico de Síndrome de
Fatiga Crónica (SFC) desarrollaron
hipotensión durante la prueba de basculación, algo que solo le
ocurrió al 29% del grupo de referencia. La prueba de basculación
también provocó síntomas característicos del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC).
En
la actualidad disponemos de fármacos eficaces para controlar la HMN
y otros síntomas, de algunos pacientes con Prueba de la Mesa
Basculante positiva, ya sea en sus aspectos objetivos o
sintomáticos.
Puede leer más sobre la Prueba de la Mesa Basculante descargando
este fichero en
formato pdf (en inglés 114 Kb) del investigador y afectado por la
enfermedad, Prof. Vance Spence, cardiólogo de la Universidad de
Dundee en Escocia.
f.
Carencias alimenticias
No se ha publicado pruebas científicas de que el Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC) sea producto de
una carencia alimenticia. Numerosos pacientes tienen intolerancia a
ciertas sustancias que se hallan en los alimentos o en medicamentos
de venta sin receta, como el alcohol o el aspartamo, edulcorante
artificial. Aunque no se disponen de pruebas que demuestren las
carencias alimenticias de los pacientes, debemos mencionar que
una dieta sana y equilibrada puede mejorar la salud en general y sería de
esperar que tuviera efectos positivos en todas las personas.
Algunos pacientes desarrollan la llamada Intolerancia Química
Múltiple que les produce intolerancias ya no solo a olores o a
determinados tóxicos, sino incluso a medicamentos y alimentos. Hay
que vigilar que estos pacientes reciban, en cualquier caso, una
alimentación adecuada y sana.
g.
Cambio de domicilio
Algunos pacientes con SFC relatan que se encuentran mejor en climas
más secos o más cálidos. En este sentido es conveniente recordar que
la distribución de la enfermedad en todo el mundo es muy homogénea
(0,5 %) y es difícil por tanto que el clima influya de forma
determinante. A veces se trata más de un cambio de los hábitos de
vida o un alejamiento del entorno, lo que condiciona esta mejoría
que no se acostumbra a mantener en el tiempo.
El
paciente debe evaluar muy seriamente si todos los inconvenientes de
una mudanza en su estado, serán compensados o no por una mejoría
estable.
Diagnóstico
a. El diagnóstico del médico
En casos
sencillos, el médico de asistencia primaría debería poder orientar
un diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), si dispusiese de
tiempo para ello y decidir su remisión a una Unidad
Especializada, pues el diagnóstico del SFC es actualmente
exclusivamente clínico, es decir, no existe prueba diagnóstica
alguna que pueda confirmar de forma indubitable la existencia de un
SFC. Esto hace que la experiencia en el diagnóstico adquiera un
valor trascendente.
Si durante seis o más meses, alguien lleva padeciendo fatiga extrema,
física y mental,
que no remite a pesar de descansar en cama y va acompañada de
síntomas inespecíficos, como síntomas gripales, faringoamigdalitis
no exudativa, febrícula, dolor generalizado o
problemas importantes de memoria y concentración, el médico deberá
incluir en su proceso de
diagnóstico
diferencial el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
En primer lugar obtendrá la historia clínica completa
y le practicará un examen físico completo, que incluirá un examen
del estado mental (que normalmente incluirá una charla prolongada en la
consulta y unas baterías de tests psicológicos) y una serie completa
pero sencilla
de análisis de sangre y orina que permitirán diagnosticar otras
posibles causas de fatiga anormal. También puede ser necesario
practicar algunas pruebas de imagen (radiografía de tórax,
resonancia craneal o ecografía absominal).
Si los análisis ofrecen una explicación alternativa a la fatiga, se
encargarán más análisis para confirmar esa posibilidad. Si no se
identifican las causas de los síntomas y se cumplen las demás
condiciones que conforman la definición del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC), el médico puede
diagnosticar el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), siempre teniendo en cuenta verificar que el
impacto de la enfermedad, tanto físico como intelectual supere el
50% y buscando sustentar dicho impacto de forma objetiva. Si el paciente ha sufrido fatiga durante
seis meses o más, pero no se observan los síntomas descritos en la
definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), puede diagnosticarse una
Fatiga Crónica
Idiopática o una Fatiga Anormal que puede ser concomitante a otro
proceso clínico detectado durante el proceso de diagnóstico.
Puede Vd. descargar el
Folleto
Explicativo sobre el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) para su médico de asistencia primario o
el
Algoritmo
Diagnóstico.
b. Análisis para un diagnóstico habitual
Aunque la cantidad y el tipo de los análisis varían de un médico a
otro, pues no existe un protocolo universalmente aceptado, los siguientes constituyen una serie de pruebas típicas que
servirá de patrón para excluir otras causas del Síndrome de Fatiga
Crónica (SFC): Hemograma
completo, VSG, Proteína C Reactiva, Bioquímica básica (perfil renal,
hepático e iónico), Proteinograma, Creatincinasa, TSH, Análisis
básico de orina y cortisol en orina de 24 horas, radiografía de
torax y ECG. De forma complementaria y más específica, el experto en
SFC solicitará, habitualmente, pruebas de actividad viral e
inmunológica.
Tal vez se requieran más pruebas a fin de confirmar un diagnóstico
de una patología diferente al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Por ejemplo, si se observa en un
paciente un nivel bajo de albúmina sérica y el análisis de urea plasmática
ofrece niveles superiores a los habituales, podría tratarse de una
nefropatía, por lo que el médico quizá decida repetir los análisis
pertinentes e incluso solicitar otros específicos para el
diagnóstico. Si los análisis iniciales y el examen físico parecen
indicar una enfermedad autoinmune, el médico puede encargar más
análisis, como el de anticuerpos antinucleares y así sucesivamente.
En
pacientes con severa fatigabilidad verificada y pruebas cognitivas
normales, puede ser de interés la realización (incluso ante la
negatividad de pruebas de bioquímica muscular) de biopsia muscular
en busca de patología mitocondrial.
c. Pruebas psicológicas y neuropsicológicas
Si el interrogatorio no es concluyente tal vez sea conveniente
evaluar la incidencia de la fatiga en cie |