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En este enlace encontrará información sobre las enfermedades reumáticas más comunes.


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ESPONDILOARTRITIS ANQUILOSANTE

 

La espondiloartritis anquilosante (EA) es un proceso reumático inflamatorio, de carácter crónico, que afecta principalmente a las articulaciones vertebrales en general y a las sacroilíacas -encargadas de unir la columna vertebral con la pelvis-, en particular. También puede producirse la inflamación de otras articulaciones de los miembros, como tobillos, rodillas, muñeca, caderas, etc., teniendo mayor prevalencia en las extremidades inferiores. La mayoría de los casos comienza entre los 15 y 30 años con predominio de los varones: 3-6 por cada mujer.

Es fundamental el diagnóstico precoz (incluso antes de que se visualice afectación en las radiografías) y la determinación del grado de afectación.


¿CÓMO SE MANIFIESTA LA EA?


La espondiloartritis aparece habitualmente de forma lenta y gradual, con episodios de dolor en la región lumbar que irradian hacia las nalgas e incluso por la cara posterior del muslo, confundiéndose así con la
famosa ciática. Este dolor se acrecienta durante la noche, provocando a la hora de levantarse de la cama una notable y dolorosa rigidez, con la consiguiente limitación en la movilidad.

La probabilidad de que una persona menor de 45 años con dolor lumbar de más de tres meses de evolución tenga una Espondiloartritis es menor del 5%.


CAUSAS DE LA EA

Por el momento, no se ha conseguido descubrir la causa directa que provoque la espondiloartritis anquilosante. A partir de la investigación sólo podemos hablar de tres enfoques que intentan definir la causa de la enfermedad.

Por un lado hay que destacar la predisposición genética del individuo, ya que es habitual encontrar en la persona afectada el antígeno de histocompatibilidad HLA-B27. Esta teoría no es definitiva pues sólo un 6% de la población es portadora del antígeno, además un 5% de enfermos de espondiloartritis no es portador del HLA-B27, hecho que evidencia que no es necesaria la presencia de esta glicoproteína para desarrollar la enfermedad.

Otra explicación que se propone trata sobre la penetración de fragmentos de bacterias que aprovecharían las debilidades del sistema digestivo para entrar al organismo, aunque esta hipótesis no ha sido probada en ningún momento.

También se acepta la teoría de que puede existir una respuesta inmunitaria desproporcionada, que lucharía contra algunos tejidos propios, aquellos que presentaran mayor semejanza con el antígeno HLA-B27, o con los antígenos de las bacterias anteriormente mencionadas.

SOSPECHA CLÍNICA

La consulta clínica es un escenario de vital importancia para el diagnóstico de la EA. Tanto los síntomas que declara el paciente, como los datos que arroja la exploración física influirán en la decisión que tome el facultativo para investigar una posible espondiloartritis. Si el médico sospecha que puede existir una EA, solicitará diferentes pruebas para confirmar el diagnóstico.

Estas pruebas irán encaminadas por dos vías, una radiológica -por la que se intentará comprobar o descartar una inflamación de las articulaciones sacroilíacas-, y otra de laboratorio -para medir la actividad inflamatoria en cada momento, y conocer la existencia o la ausencia del antígeno HLA-B27-.

Las claves del diagnóstico de sospecha clínica de EA se basan en los síntomas y en la exploración.

Los síntomas habituales son el dolor en la zona sacra y lumbar, además de la rigidez al levantar por las mañanas, además de una sensible mejora de la rigidez y el dolor con la deambulación.

En la exploración del médico se pone de manifiesto habitualmente una expansión limitada del pecho (provocando menor capacidad de ventilación) y limitación de los movimientos de la columna vertebral en flexión, rotación y lateralidad.

En el diagnóstico precoz de las espondiloartritis, se han detectado signos y síntomas que guardan relación con la probabilidad de desarrollar la enfermedad, en una ratio conocida como LR (de las siglas Razón de Verosimilitud) (Rudwaleit M, Khan MA, Sieper J. Arthritis Rheum 2005;52:1000-8), que de menor a mayor sería: dolor lumbar de características inflamatorias, dolor alternante en nalgas, talalgia (dolor en el talón), artritis periférica, dactilitis, uveítis aguda, antecedentes familiares, buena respuesta a los AINEs, elevación de parámetros inflamatorios en los análisis, HLA-B27 positivo, Resonancia Magnética de Sacroilíacas positiva y espondilitis axial.


PRUEBAS RADIOLÓGICAS

Entre las pruebas radiológicas que se pueden realizar para conformar una EA, hay que distinguir entre la radiografía común, que se utiliza en casos de claras sospechas por lo avanzado del caso. Si por el contrario, no hay evidencias claras de la enfermedad -buena movilidad en casos poco avanzados o atípicos- se suele recurrir a la Gammagrafía Ósea. Este procedimiento mostrará sobre un placa de radiografía las zonas con actividad metabólica, es decir, lugares donde existe un proceso inflamatorio. Para esta determinación se inyecta al paciente, por vía intravenosa, un isótopo radiactivo de vida media bastante corta, que hará de "marcador fluorescente" en las zonas inflamadas, que se reflejarán en la placa radiográfica.

Es importante tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, las alteraciones radiológicas no se producen antes de los 5 años del inicio de los síntomas.

PRUEBAS DE LABORATORIO

Los análisis de sangre y orina no son tampoco concluyentes para el diagnóstico de la EA, si bien nos aclarará la presencia del HLA-B27 la existencia o ausencia. Además, estos análisis son necesarios durante el transcurso de la enfermedad, pues ayudan a evaluar la actividad inflamatoria, y conocer las consecuencias de la medicación sobre ciertos órganos o fluidos (riñón, hígado,sangre,etc).

Últimamente, se han propuesto pruebas analíticas como la determinación de MMP-3 en la monitorización del tratamiento con Etanercept.
 

TRATAMIENTO

Por el momento, no podemos hablar nunca de tratamiento curativo en la espondiloartritis anquilosante, aunque debemos tener presente que existe el tratamiento paliativo de la enfermedad a través de medicación. Los analgésicos simples o convencionales, como el paracetamol, no adquieren protagonismo en la terapéutica farmacológica de la EA, tomando gran relevancia los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) en general, ayudan a conseguir mayor actividad física y a la obtención de un mejor estado general, además de ejercer una función analgésica.

Cuando el reumatólogo establece el antiinflamatorio adecuado, habitualmente nos preocupa reducir el número de tomas del fármaco, si es posible a tan sólo una, que preferiblemente sería al acostarse, para conseguir mejorar el sueño, además de disminuir la rigidez al levantarse y aliviar el dolor.

Los medicamentos más utilizados en la EA suelen ser la fenilbutazona, el piroxicam, la indometacina y el naproxeno, pues existen presentaciones retard, y además diferente posología, que le facultativo puede adecuar a cada caso.


Para casos severos se usan también otros dos medicamentos, la sulfasalacina y la azatioprina. La primera de ellas es un medicamento muy extendido, por que se suele administrar principalmente en pacientes con mayores procesos inflamatorios en las articulaciones periféricas, ya que sobre la columna es bastante menos su efecto.

Otros medicamentos de interés son el metotrexato -indicado mas específicamente para la Artritis Psoriásica-, y algunos medicamentos por vía intravenosa e intramuscular, como el pamidronatro o la metilprednisona de los que tampoco se han derivado resultados destacables. En los últimos tiempos estamos asistiendo al auge de las llamadas "Terapias Biológicas" que están modificando las pautas de tratamiento de la enfermedad. Es remarcable la reciente aprobación del Adalimunab para el tratamiento de esta enfermedad en su forma activa-severa.

Como medicación de apoyo, en la mayoría de los casos, se recetan protectores gástricos como el omeprazol o el lansoprazol, ya que al tratarse de una enfermedad crónica, es decir, con largos tratamientos, pueden producirse erosiones en la mucosa gástrica.

REHABILITACIÓN Y ACTIVIDAD FÍSICA

La rehabilitación se considera como un punto fundamental para ayudar al enfermo de espondiloartritis, pues bien realizada permite conseguir mayor independencia y calidad de vida. Esta terapia esta encaminada a mejorar tanto la movilidad como la flexibilidad de la columna vertebral.

Para seguir este tratamiento correctamente el paciente tiene que estar concienciado del beneficio que le puede reportar tanto a corto, como a medio y largo plazo, pues se puede convertir en una terapia monótona, provocando el abandono de la actividad física.

Tanto en el domicilio, como en centros deportivos, piscinas, gimnasios, etc., el paciente debe seguir unas normas suministradas por médicos rehabilitadores y fisioterapeutas, que incluyen diferentes tipos de ejercicios para mejorar la respiración (evitando la pérdida volumen respiratorio), y actividades que potencien los músculos de la columna y las extremidades, que junto con los adecuados estiramientos ayudaran a prevenir la anquilosis.

En casos severos, donde el paciente se encuentra muy rígido se suele optar por comenzar la sesión con un baño caliente, que proporciona además analgesia, siendo un paso previo para la realización cuidadosa de los ejercicios.

Si lo desea puede descargar un magnífico texto sobre Fisioterapia en Espondilitis Anquilosante (pdf en castellano 2266 Kb) de la Asociación EDEPA. Para su lectura precisará Adobe Reader (enlace externo).


aLe recomendamos que acceda a nuestro Foro de Pacientes, donde podrá contactar con otros afectados y con profesionales, obteniendo información veraz y contrastada.
 

 
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