|
La
Intolerancia Química Múltiple (IQM)
fue descrita por Randolph en 1952
(Randolph TG. Sensitivity to
petroleum including its derivates and antecedentes. J Lab Clin Med
1952;40:931-932) y desde
entonces se ha denomina de muchas formas, hasta que actualmente se
ha propuesto el nombre de "Intolerancia Ambiental Idiopática" (IAI),
que es un término controvertido y que tal vez no describe de forma
clara la magnitud del problema, que no tiene explicación desde lo
postulados clásicos de la toxicología ni de la alergología
(enlace externo a la cita), pero que tampoco se justifica en la
mayoría de los casos, desde la psiquiatría
(enlace externo a la cita), aunque la asociación de
psicopatología es frecuente y es necesario un diagnóstico de
exclusión antes de confirmar l diagnóstico de IQM
(enlace extero a la cita). Estudios randomizados a doble ciego
con placebo afirman la existencia de esta condición clínica
(enlace externo al artículo) , existiendo también estudios en
sentido contrario
(enlace externo a la cita).
El
Dr. Mark R. Cullen (yale School of Medicine), definió ya en 1987
las bases para la detección del síndrome (Cullen
MR. The worker with chemical sensitivity: an overview. In
Occupational Medicine: State of the Art Reviews, Vol 2 (Cullen MR,
ed). Philadelphia:Hanley and Belfus, 1987;655-662).
Actualmente la IQM se diagnostica en base a unos criterios de
consenso aceptados internacionalmente
(enlace externo a la cita) que puede
consultar en nuestra página de
inmunotoxicología.
La sensación de
intolerancia a sustancias químicas es una condición frecuente que
afecta al 11,2 % de norteamericanos, aunque sólo un 2,5% confirman
disponer del diagnóstico formal de la patología
(enlace externo a la cita), mientras que en Alemania estas
cifras son, respectivamente un 9 y un 0,5%
(enlace externo a la cita). La IQM parece afectar más a las
mujeres que a los hombres (4/1) y predominar en las edades medias de
la vida (40-50 años), pero existen descripciones clínicas incluso en
niños de corta edad (4 años)
(enlace externo al artículo).
Los médicos que se
encargan de tratar este problema de salud se conocen con el nombre
de "Ecólogos Clínicos" y defienden la idea de que pequeñas dosis de
sustancias químicas en personas sensibilizadas, pueden desencadenar
múltiples síntomas, algunos de ellos importantes.
En general los
productos y entornos más relacionados con dicha sensibilización y expresión
sintomática son: polución atmosférica, alimentos y aditivos,
pesticidas e insecticidas, formol, aerosoles, asfalto, colas y adhesivos,
pinturas y barnices, humo de cigarros y cigarrillos, contaminación
por monóxido de carbono, colonias,
perfumes, cosméticos, gas-oil y gasolinas, productos para la
limpieza en seco, laca de pelo, detergentes, esmaltes de uñas,
pinturas oleaginosas, champú, etc.
Algunos artículos
científicos relacionan estas exposiciones con el desarrollo de un
Síndrome de Fatiga Crónica dificilmente distinguible del post-viral,
aunque se proponen algunas características diferenciales poco
específicas como alteraciones en la relación CD4/CD8
(Racciatti D, Vecchiet J,
Ceccomancini A, Ricci F, Pizzigallo E.Chronic fatigue syndrome
following a toxic exposure.Sci Total Environ. 2001 Apr
10;270(1-3):27-31). Autores
españoles han descrito también esta asociación
(enlace externo a la cita).
Los niveles en
suero de hidrocarburos clorados en pacientes con SFC parecen ser más
elevados que en controles sanos
(Dunstan RH, Donohoe M, Taylor W,
Roberts TK, Murdoch RN, Watkins JA, McGregor NR. A preliminary
investigation of chlorinated hydrocarbons and chronic fatigue
syndrome.Med J Aust. 1995 Sep 18;163(6):294-7).
Los síntomas
relacionados con estas exposiciones son múltiples pero en general se
pueden subdividir en: síntomas del Sistema Nervioso Central,
irritación respiratoria y de mucosas, problemas gastrointestinales,
fatiga, dificultad de concentración, pérdida de memoria, depresión,
debilidad, taquicardia, mareos, dolores de cabeza, intolerancia a
los cambios de temperatura y dolores musculares y articulares.
A partir de las
hipótesis de sensibilización del sistema límbico del
Prof. Iris Bell (univ. de Arizona)
(enlace externo a la cita), que posteriormente desarrolló
(enlace externo a la cita) con adaptaciones la
Dra. Claudia
Miller (Univ. Texas) de 1992, reconocida autoridad mundial en la materia
(enlace externo a la cita), se han desarrollado diversas
hipótesis y las más
actuales relacionan la IQM con los llamados "receptores Vaniloides"
(VR1), ampliamente distribuidos en el Sistema Nervioso Central que
mediante un proceso de hiperestimulación producirían más Óxido
Nítrico
(enlace externo a la cita). La hiperrespuesta se produce de
forma especialmente llamativa a nivel olfativo y ha sido demostrada
mediante rigurosos estudios
(enlace externo al artículo). Diversos neuromediadores como la
Sustancia P, el Péptido Vasoactivo Intestinal y el Factor de
Crecimiento Neuronal se han encontrado elevados en personas
expuestas a compuestos volátiles orgánicos (VOC)
(enlace externo a la cita). Estudios genéticos han hallado
perfiles más susceptibles a la IQM
(enlace externo a la cita) que tendrían
relación con la biotransformación de tóxicos químicos.
La sensibilización
de los receptores NMDA, que juegan un papel crucial en la IQM puede
ser ampliada con la siguiente lectura
(enlace
externo al artículo) del Porf. Martin L.
Pall.
Como en otras
enfermedades complejas, el vanace de la investigación se ve frenado
por la falta de modelos animales específicos, existiendo solo alguna
propuesta al respecto
(enlace externo a la cita).
Muchos médicos y
asociaciones profesionales no creen en la existencia de la IAI y
piensan que estos síntomas son debidos a otras enfermedades, entre
las que destacan los trastornos psiquiátricos: somatización y
ansiedad
(enlace externo a la cita).
En efecto, la asociación de trastornos psiquiátricos en la IAI es
elevada y antes de ofrecer este diagnóstico debe efectuarse un
minucioso diagnóstico diferencial.
Nuestra
observación clínica, pero con bajo nivel de evidencia científica
por el momento,
es que muchos pacientes en el contexto de enfermedades complejas, como
la Sensibilidad Química Múltiple,
el Síndrome de Fatiga Crónica, la
Fibromialgia e incluso migrañas, asma
o trastornos del ánimo, mejoran clínicamente de sus síntomas cuando
siguen una estrategia de evitación de contacto con sustancias
tóxicas en la que tiene un importante papel el establecimiento de
una "dieta de eliminación" (elimination diet) que permita detectar
intolerancias alimenticias, siendo éste el método universalmente
aceptado para la dtección de estas hipersensibilidades
(enlace externo a la cita). De hecho, la evitación del contacto
químico es la propuesta terapéutica que más tiempo se ha mantenido
como actitud efectiva, en concreto desde los trabajos de Ziem de
1992
(enlace externo a la cita) y es la terapia que relatan como más efectiva los afectados,
siendo muy baja la eficacia de los fármacos (enlace
externo al artículo).
Las dietas de
eliminación obtienen, en general, una buena puntuación cuando se
pregunta a los enfermos sobre sus resultados (enlace
externo a RemedyFind), pero sobre todo en fases iniciales del
síndrome, razón por la cual la detección precoz tiene implicaciones
pronósticas.
A pesar de que
muchas pruebas y exploraciones complementarias han sido propuestas
en el estudio de la IQM, ninguna ha demostrado un nivel de
fiabilidad y reproductibilidad que merezca la aprobación de la
comunidad científica
(enlace externo a cita sobre PET).
La vida moderna
favorece el contacto ya sea inhalado o ingerido con miles de
sustancias tóxicas que parecen afectar especialmente a personas
sensibles específicamente. Esta sensibilidad no se sabe a qué es
debida, aunque existen trabajos que demuestran algunas
especificidades genéticas
(enlace externo a la cita) y genera,
como hemos comentado, muchos recelos en la comunidad científica por el
hecho de que no se constata, al menos con una sintomatología
evidente, en la mayoría de la población.
La evidencia
sugiere que sustancias químicas antropogénicas (similares a las
humanas) actúan en ocasiones, ya sea de forma individual o sumatoria
entre ellas, como verdaderos neurotransmisores (mimetizadores NMDA) y alteradores
endrocrinos
(enlace externo a
documentación),
produciendo efectos que muchos de ellos son todavía desconocidos,
pero que debido a su fácil persistencia (acúmulo en tejido graso) se
intuyen importantes (la carga de xenoestrógenos se ha relacionado
con el aumento del cáncer de mama, por ejemplo).
Algunos
profesionales atribuyen esta sensibilidad química a trastornos del tiroides,
deficiencias de vitaminas, minerales, etc. pese a que la evidencia
apunta en sentido contrario
(enlace externo a a la cita).
Como
hemos comentado, se estima que cerca de un 12 % de norteamericanos presentan fenómenos de
especial Sensibilidad Química
(enlace externo al artículo), pero son muy pocos los
diagnosticados. En cualquier caso, existen evidencias al
respecto de la existencia de esta enfermedad que incluyen estudios a
doble ciego
(enlace externo al artículo).
Estas personas de
especial sensibilidad a los tóxicos químicos lo ignoran en la
inmensa mayoría de casos y al no seguir una conducta de evitación de
los contactos mantienen un fenómeno conocido como "enmascaramiento"
a través del cual se produce, por contactos repetidos a muchas
sustancias, un verdadero estado continuo de malestar que dificulta
la identificación de los causantes reales de los síntomas más
llamativos. Es
habitual que los pacientes refieran estados de dolor, fatiga,
síntomas inespecíficos o una especie de estado pseudogripal
prácticamente contínuo.
En cualquier caso,
existen también personas que desencadenan este fenómeno sin tener
una susceptibilidad previa debida a un contacto con altas dosis de
tóxicos químicos.
Existen
cuestionarios validados como el QESSI
(Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory) ó Test
Rápido de Exposición Química y Sensibilidad que puede
descargar aquí (pdf
en castellano 55 Kb.) o el COSS (The Chemical Odor Sensitivity
Scale)
(enlace externo a la cita), que son de gran ayuda al
profesional, tanto en proceso diagnóstico como en el seguimiento y
tienen aplicación clínica y experimental. La validación de la
traducción al castellano del QESSI ha sido efectuada por miembros
del IFR y es
disponible también en éste enlace en su versión de tríptico (pdf
en castellano de 154 Kb.).
El tratamiento se
centra en evitar las sustancias tóxicas sospechosas lo que
condiciona un cambio en el estilo de vida. Es importante que el
paciente no aumente su aislamiento social ni genere una actitud de
hipervigilancia, razón por la cual es importante un apoyo
psicológico profesional.
Cuando
el paciente entra en contacto con el tóxico, se produce, durante un
cierto tiempo, un estado de activación, para posteriormente aparecer
los síntomas de enfermedad. El tiempo necesario para evaluar esta
respuesta dual oscila entre los 4 y 7 días tras el contacto, tiempo
que debe ser tenido en cuenta para evitar falsos positivos y falsos
negativos. De hecho la reiteración de contactos y la sensibilización
cruzada que se produce (el enfermo responde cada vez a más
sustancias e incluso a otros estímulos no químicos como la luz o el
ruido), responde en esencia un fenómeno similar a la adicción.
La
evitación de los contactos tóxicos (existen hospitales que incluso
disponen de las llamadas EMN o Environmental Medical Unit, en España
conocidas como UCA o Unidad de Control Ambiental) tanto
inhalados como ingeridos (con una estricta dieta), permite la
supresión de los síntomas (4 - 7 días) para, posteriomente
(transcurridos 15 días) iniciarse
una fase de reintroducción de determinados alimentos que posibilita
la detección real de los que producen el desencadenamiento de los
síntomas al no encontrarse ya el paciente en una situación de
enmascaramiento (masking). Si se mantienen fenómenos de
enmascaramiento (por ejemplo por la polución o incluso los
materiales de la propia vivienda), puede ser muy difícil un enfoque
eficaz.

Ningun análisis ni
test clínico ha demostrado cientificamente eficacia ni
reproductibilidad en la detección de intolerancias.
Nuestro equipo
dispone de los más reconocidos expertos y consultores para indicarle
y asesorarle en esta propuesta terapéutica y su seguimiento.
POSTULADOS
DE LA ACTITUD HIPOTÓXICA
::Cuando
un paciente consigue evitar los contactos tóxicos (inhalados o
ingeridos), inicia la mejoría al cabo de 4-7 días.
::La reintroducción de un desencadenante genera la instauración de
una pléyade sintomática.
::Estos síntomas se resuelven al retirar de nuevo el
desencadenante.
::Con la exposición al mismo desencadenante ocurren los mismos
síntomas. La observación debe producirse entre las 24 y 48 horas tras
la exposición.
SOBRE LA
DIETA DE ELIMINACIÓN
La dieta
hiposensibilizante o de eliminación tiene en definitiva la misión de detectar posibles
hipersensibilidades que empeoren o desencadenen los síntomas del
enfermo y por lo tanto debe acompañarse de una "actitud hipotóxica
e hiposensibilizante" que abarque control ambiental (no olvide
los productos de limpieza). No es una dieta de adelgazamiento ni una
dieta de complacencia, sino que es una actitud terapéutica ante un
diagnóstico establecido. No tiene utilidad ni indicación su uso
indiscriminado o sin supervisión médica, pues es posible un
empeoramiento de los síntomas en los primeros días y pueden
producirse efectos realmente indeseables que deben ser controlados
por un profesional experto ante las pruebas de exposición.
No todos los
enfermos mejoran con esta dieta ni todos están en condiciones de
seguirla. A veces, por ejemplo, hay pacientes que precisan fármacos
por otros procesos y la simple toma del fármaco puede hacer
recomendable aplazar el inicio de la dieta a mejor oportunidad. De
hecho, un 60 % de enfermos con IQM relatan dificultades e
intolerancia a la toma de fármacos
(enlace externo a la cita).
No es una dieta
fácil debido a la intensa restricción inicial de alimentos, pero
acostumbra a ser muy gratificante para el que la mantiene comprobar
cómo mejora de unos síntomas que consideraba inevitables. Puede ser
de interés según su perfil psicológico, solicitar una visita
psicológica antes de comenzarla.
Con la dieta no se
pasa hambre, pues podrá comer cuanto quiera de los alimentos
permitidos, pero está claro que la restricción de alimentos le
obligará a una adaptación de su gusto y sus habilidades culinarias,
así como a buscar proveedores de alimentos realmente ecológicos, lo
cual resulta bastante más caro que utilizar el proveedor habitual.
Como hemos
comentado, es frecuente que el paciente empeore durante los primeros
días. Este empeoramiento es debido al efecto adicción ya comentado,
con lo que se produce un verdadero síndrome de abstinencia y a un
efecto (no en todas las personas) de eliminación de sustancias
tóxicas de las celulas grasas. Son frecuentes, por ejemplo los
picores generalizados o las erupciones en la piel, así como una gran
fatigabilidad, sensación de frío, dolores de cabeza o caracter
irritable. Es raro que haya un incremento de la percepción dolorosa,
pero puede existir.
Es conveniente que
en la fase inicial de la dieta, el paciente se abstenga de tomar
medicación no imprescindible o tóxicos químicos conocidos.
Poco a poco, se
van reintroducido alimentos (esta reintrodución puede decidirla el
paciente según sus deseos), pero siempre respetando entre 2 y 4 días
entre cada reintroducción para evaluar la respuesta.
La mejoría se va
experimentando paulatinamente aunque no hay un patrón fijo para la
misma, dependiendo de cada persona y de las sustancias que hayan
provocado la sensibilidad. En algunas personas es espectacular y en
menos de una semana, en otras es mucho más lento y van mejorando a
lo largo de 3 meses y otras no obtienen ninguna mejoría.
a
Si tiene previsto
solicitar una visita en nuestro servicio,
puede acudir a su primera visita aportando ya rellenado el
Cuestionario QEESI
(Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory) ó Test
Rápido de Exposición Química y Sensibilidad. Lo puede
descargar aquí (pdf
en castellano 55 Kb.) en formato DIN A4 o
aquí en su versión de
tríptico (pdf en castellano 154 Kb.).
a
España ratificó en
1998 el Convenio de Aarhus sobre información, participación y
justicia en relación al medio ambiente. Puede consultarlo desde
este
enlace externo (pdf en castellano).
|
|
MATERIAL ADICIONAL DE INTERÉS
aTodas
las Unidades Asistenciales del IFR han superado al proceso de
inscripción y registro del Departamento de
Salud (Generalitat de
Catalunya) y están sometidas a controles periódicos de calidad
total. Para el desarrollo de nuestra labor contamos con un
equipo médico-asistencial altamente
cualificado y en formación continuada.
aLa Unidad de Fibromialgia y
Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) del
Institut
Ferran de Reumatología cuenta con los medios diagnósticos más
avanzados y con un equipo profesional experto en estas enfermedades.
aLe
recomendamos que acceda a nuestro
Foro de Pacientes, donde podrá contactar con otros afectados y
con profesionales, obteniendo información veraz y contrastada o bien
que contacte con la
Fundación para la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)
, donde podrá ser informado de las Asociaciones de Pacientes más
próximas a su domicilio que satisfacen las normas de calidad del
IFR.
aLe
recomendamos que de forma complementaria a la información de esta
página descargue la
Nota Técnica de Prevención NTP-595 (Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales) titulada: "Plaguicidas:
riesgos en las aplicaciones en interior de locales"
(enlace externo)
aLe
recomendamos que de forma complementaria a la información de esta
página descargue la
Nota Técnica de
Prevención NTP-557 (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales) titulada: "Intolerancia
Ambiental Idiopática, Sensibilidad Química Múltiple y fenómenos
asociados"
(enlace externo).
BIBLIOGRAFÍA RELEVANT SOBRE MCI
Antelman, S.M. “Time-Dependent
Sensitization in Animals: A Possible Model of Multiple Chemical
Sensitivity in Humans.” Toxicology and Industrial Health 10,
nos. 4-5 (July-October 1994):335-342.
Association of Occupational and
Environmental Clinics. “Advancing the Understanding of Multiple
Chemical Sensitivity.” Toxicology and Industrial Health 8,
no. 4 (1992):1.
Ashford, N., Heinzow, B.,
Lüütjen, K., Marouli, C., Møølhave, L., Möönch, B., Papadopoulos,
S., Rest, K., Rosdahl, D., Siskos, P., Velonakis, E., et al.
“Chemical Sensitivity in Selected European Countries: An Exploratory
Study.” A Report to the European Commission. Ergonomia,
1995.
ATSDR (Agency for Toxic
Substances and Disease Registry). “Proceedings of the Conference on
Low-Level Exposure to Chemicals and Neurobiologic Sensitivity.”
Toxicology and Industrial Health 10, nos. 4-5 (1994):25.
Bartha, L., Baumzweiger, W.,
Buscher, D., Callender, M., Dahl, K., Davidoff, A., et al. “Multiple
Chemical Sensitivity: A 1999 Consensus.” Archives of
Environmental Health 54, no. 3 (1999): 147-149.
Bascom, R. “Multiple Chemical
Sensitivity: A Respiratory Disorder.” Toxicology and Industrial
Health 8, no. 4 (1991):221-228.
Bascom, R., Meggs, W., Frampton,
M., Hudnell, K., Killburn, K., Kobal, G., Medinsky, M., Rea, W.
“Neurogenic Inflammation: With Additional Discussion of Central and
Perceptual Integration of Nonneurogenic Inflammation.”
Environmental Health Perspectives 105, Suppl. 2 (1997):531-537.
Bell, I.R. “Clinically Relevant
EEG Studies and Psychophysiological Findings: Possible Neural
Mechanisms for Multiple Chemical Sensitivity.” Toxicology 111
(1996):101-117.
Bell, I.R. “White Paper:
Neuropsychiatric Aspects of Sensitivity to Low-Level Chemicals: A
Neural Sensitization Model.” Toxicology and Industrial Health
10, nos. 4-5 (July-October 1994):277-312.
Bell, I.R., Baldwin, C.M.,
Schwartz, G.E. “Sensitization Studies in Chemically Intolerant
Individuals: Implications for Individual Difference Research.”
Annals of the New York Academy of Science 453 (2001):38-47.
Bell, I., Baldwin, C., Fernandez,
M., Schwartz, G. “Neural Sensitization Model for Multiple Chemical
Sensitivity: Overview of Theory and Empirical Evidence.”
Toxicology and Industrial Health 15, nos. 3-4 (1999):295-304.
Bell, I., Rossi, J., Gilbert, M.,
Kobal, G., Morrow, L., Newlin, D., Sorg, B., Wood, R. “Testing the
Neural Sensitization and Kindling Hypothesis for Illness from Low
Levels of Environmental Chemicals.” Environmental Health
Perspectives 105, Suppl. 2 (1997):539-547.
Buchwald, D., Garrity, D.
“Comparison of Patients with Chronic Fatigue Syndrome, Fibromyalgia,
and Multiple Chemical Sensitivities.” Archives of Internal
Medicine 154 (1994): 2049-2053.
Callender, T.J., Morrow, L.,
Submaranium, K. “Evaluation of Chronic Neurological Sequelae After
Acute Pesticide Poisoning Using Brain SPECT Scans.” Journal of
Toxicology and Environmental Health 41 (1994):275-284.
Caress, S., Steinemann, A. “A
Review of a Two-Phase Population Study of Multiple Chemical
Sensitivities.” Environmental Health Perspectives 111, no. 12
(2003):1490-1497.
Caress, S., Steinemann, A.,
Waddick, C. “Symptomatology and Etiology of Multiple Chemical
Sensitivities in the Southeastern United States.” Archives of
Environmental Health: An International Journal 57, no. 5
(2002):429-436.
Cone, J., Sult, T. “Acquired
Intolerance to Solvents Following Pesticide/Solvent Exposure in a
Building: A New Group of Workers at Risk for Multiple Chemical
Sensitivity.” Toxicology and Industrial Health 8, no. 4
(1992):29-39.
Costa, L., Li, W., Richter, R.,
Shih, D., Lusis, A., Furlong, C. “The Role of Paraoxonase (PON1) in
the Detoxication of Organophosphates and Its Human Polymorphism.”
Chemico-Biological Interactions 119-120 (1999):429-438.
Cowan, J., Sinton, C.M., Varley,
A.W., Wians, F.H., Haley, R.W., Munford, R.S. “Gene Therapy to
Prevent Organophosphate Intoxication.” Toxicology and Applied
Pharmacology 173, no. 1 (May 15, 2001): 1-6.
Cullen, M., Pace, P., Redlich,
C. “The Experience of the Yale Occupational and Environmental
Medicine Clinics with Multiple Chemical Sensitivities,” 1986-1991.
Toxicology and Industrial Health 8 (1992):15-19.
Davidoff, A., Fogarty, L.
“Psychogenic Origins of Multiple Chemical Sensitivity Syndrome: A
Critical Review of the Research Literature.” Archives of
Environmental Health 49, no. 5 (1994):316-325.
Davidoff, A., Keyl, P. “Symptoms
and Health Status in Individuals with Multiple Chemical
Sensitivities Syndrome from Four Reported Sensitizing Exposures and
a General Population Comparison Group.” Archives of Environmental
Health 51, no. 3 (1996):201-213.
Davidoff, A.L., Meggs, W.
“Development of Multiple Chemical Sensitivities in Laborers After
Acute Gasoline Fume Exposure in an Underground Tunneling Operation.”
Archives of Environmental Health 53, no.3 (1998):183-189.
Doty, R., Deems, D., Frye, R.,
Pelberg, R., Shapiro, A. “Olfactory Sensitivity, Nasal Resistance,
and Autonomic Function in Patients with Multiple Chemical
Sensitivities.” Archives of Otolaryngology—Head and Neck Surgery
114 (1988):1422-1427.
Fernandez, M., Bell, I.,
Schwartz, G. “EEG Sensitization During Chemical Exposure in Women
With and Without Chemical Sensitivity of Unknown Etiology.”
Toxicology and Industrial Health 15, nos. 3-4 (1999):305-312.
Fiedler, N., Kipen, H., Natelson,
B., Ottenweller, J. “Chemical Sensitivities and the Gulf War:
Department of Veterans Affairs Research Center in Basic and Clinical
Science Studies of Environmental Hazards.” Regulatory Toxicology
and Pharmacology 24 (1996):S129-S138.
Fincher, E.F., Chang, T.S.,
Harrell, E.H., Kettkecut, M.C., Rea, W.J., Johnson, A.R., Hickey,
H.C., Simon, T.R. “Comparison of Single Photon Computed Tomography
Findings in Cases of Healthy Adults and Solvent-Exposed Adults.”
American Journal of Industrial Medicine 31 (1997):4-14.
Galland, L. “Biochemical
Abnormalities in Patients with Multiple Chemical Sensitivities.”
Occupational Medicine 2, no. 4 (October-December 1987):713-720.
Gordon, B.R. “Approaches to
Testing for Food and Chemical Sensitivities.” Otolaryngology
Clinics of North America 36, no. 5 (October 2003):917-940.
Haley, R., Billecke, S., La Du, B. “Association of Low PON1 Type Q
(Type A) Arylesterase Activity with Neurologic Symptom Complexes in
Gulf War Veterans.” Toxicology and Applied Pharmacology 157,
no. 3 (1999):227-233.
Heuser, G. “Diagnostic Markers in
Clinical Immunotoxicology and Neurotoxicology.” Editorial.
Journal of Occupational Medicine and Toxicology 1, no. 4
(1992):v-x.
Heuser, G., Mena, I., Alamous, F.
“Neurospect Findings in Patients Exposed to Neurotoxic Chemicals.”
Toxicology and Industrial Health 10, nos. 4-5 (1994):461-571.
Heuser, G., Mena, I. “Neurospect
in Neurotoxic Chemical Exposure. Demonstration of Long-Term
Functional Abnormalities.” Toxicology and Industrial Health
14, no. 6 (1998):813-827.
Heuser, G., Wu, J.C. “Deep
Subcortical (Including Limbic) Hypermetabolism in Patients with
Chemical Intolerance: Human PET Studies.” Annals of the New York
Academy of Sciences 933 (March 2001):319-322.
Ionescu, G., Merk, M., Bradford,
R. “Simple Chemiluminesence Assays for Free Radicals in Venous Blood
and Serum Samples: Results in Atopic, Psoriasis, MCS, and Cancer
Patients.” Forsch Komplementarmed 6, no. 6 (December
1999):294-300.
Kailen, E.W., Brooks, C.R.
“Systemic Toxic Reactions to Soft Plastic Food Containers.”
Medical Annals of D.C. 32 (1963):1-8.
Kilburn K. “Effects of Diesel
Exhaust on Neurobehavioral and Pulmonary Functions.” Archives of
Environmental Health 55, no.1 (January/February 2000).
Kimata, H. “Effect of Exposure to
Volatile Organic Compounds on Plasma Levels of Neuropeptides, Nerve
Growth Factor and Histamine in Patients with Self-Reported Multiple
Chemical Sensitivity.” International Journal of Hygiene and
Environmental Health 207, no. 2 (February 2004):159-63.
Kimata, H. “Exposure to Road
Traffic Enhances Allergic Skin Wheal Responses and Increases Plasma
Neuropeptides and Neurotrophins in Patients with Atopic
Eczema/Dermatitis Syndrome.” International Journal of Hygiene
and Environmental Health 207, no 1. (January 2004) 45-49.
Kipen, H.M., Hallman, W., Kang,
H., Fiedler, N., Natelson, B.H. “Prevalence of Chronic Fatigue and
Chemical Sensitivities in Gulf Registry Veterans.” Archives of
Environmental Health 54, no. 5 (September-October 1999):309-311.
Kruetzer, R., Neutra, R.,
Lashuay, N. “Prevalence of People Reporting Sensitivities to
Chemicals in a Population-Based Survey.” American Journal of
Epidemiology 150, no. 1 (1999):1-12.
Lax, M., Henneberger, P.
‘Patients with Multiple Chemical Sensitivities in an Occupational
Health Clinic: Presentation and Follow-up.” Archives of
Environmental Health 50, no. 6 (1995):425-431.
Levallois, P. Neutra, R., Lee,
G., Hristoa, L. “Study of Self-reported Hypersensitivity to
Electromagnetic Fields in California.” Environmental Health
Perspectives 110, Suppl. 4 (August 2002): 619-23.
Lieberman, A.D., Craven, M.R.
“Reactive Intestinal Dysfunction Syndrome (RIDS) Caused by Chemical
Exposures.” Archives of Environmental Health 54, no. 5
(September-October 1999):365-366.
McFadden, S. “Phenotype Variation
in Xenobiotic Metabolism and Adverse Environmental Response: Focus
on Sulfur-Dependant Detoxification Pathways.” Toxicology 111
(1996):43-65.
McKeown-Eyssen, G., Baines, C.,
Cole, D.E., Riley, N., Tyndale, R.F., Marshall, L, Jazmaji, V.
“Case-Control Study of Genotypes in Multiple Chemical Sensitivity:
CYP2D6, NAT1, NAT2, PON1, PON2 and MTHFR.” International Journal
of Epidemiology (July 15, 2004).
Meggs, W.J. “Hypothesis for
Induction and Propagation of Chemical Sensitivity Based on Biopsy
Studies.” Review. Environmental Health Perspectives 105
(March 1997).
Meggs, W.J. “Neurogenic
Switching: A Hypothesis for a Mechanism for Shifting the Site of
Inflammation in Allergy and Chemical Sensitivity.” Environmental
Health Perspectives 103, no. 1 (January 1995):54-56.
Meggs, W. “RADS and RUDS—The
Toxic Induction of Asthma and Rhinitis.” Clinical Toxicology
32, no. 5 (1994):487-501.
Meggs, W., Cleveland, C.
“Rhinolaryngoscopic Examination of Patients with the Multiple
Chemical Sensi-tivity Syndrome.” Archives of Environmental Health
41, no. 1 (1993):14-18.
Meggs, W., Dunn, K., Bloch, R.,
Goodman, P., Davidoff, L. “Prevalence and Nature of Allergy and
Chemical Sensitivity in a General Population.” Archives of
Environmental Health 51, no. 4 (1996): 275-282.
Meggs, W.J., Elsheik, T.,
Metzger, W.J., Albernaz, M., Bloch, R.M. “Nasal Pathology and
Ultrastructure in Patients with Chronic Airway Inflammation
Following an Irritant Exposure.” Journal of Toxicology-Clinical
Toxicology 34, no. 4 (1996):383-396.
Miller, C.S. “Possible Models for
Multiple Chemical Sensitivity: Conceptual Issues and Role of the
Limbic System. Advancing the Understanding of Multiple Chemical
Sensitivity.” Association of Occupational and Environmental Clinics.
Toxicology and Industrial Health 8, no. 4 (1992):181-202.
Miller, C.S. “White Paper:
Chemical Sensitivity: History and Phenomenology.” Toxicology and
Industrial Health 10, no. 4-5 (1994):253-276.
Miller, C.S., Gammage R.B.,
Jankovic, J.T. “Exacerbation of Chemical Sensitivity: A Case Study.”
Toxicology and Industrial Health 15, nos. 3-4 (April-June
1999):398-402.
Miller, C.S., Mitzel, H.
“Chemical Sensitivity Attributed to Pesticide Exposure Versus
Remodeling.” Archives of Environmental Health 50, no. 2
(1995):119.
Miller, C.S. “Toxicant-Induced
Loss of Tolerance: An Emerging Theory of Disease?” Environmental
Health Perspectives 105, Suppl. 2 (1997):445-453.
Miller, C., Prihoda, T. “The
Environmental Exposure and Sensitivity Inventory (EESI): A
Standardized Approach for Measuring Chemical Intolerances for
Research and Applications.” Toxicology and Industrial Health
15 (1999):370-385.
Miller, C., Prihoda, T. “A
Controlled Comparison of Symptoms and Chemical Intolerances Reported
by Gulf War Veterans, Implant Recipients, and Persons with Multiple
Chemical Sensitivity.” Toxicology and Industrial Health 15
(1999):386-397.
Miller, C., Ashford, N., Doty,
R., Lamielle, M., Otto, D., Rahill, A., Wallace, L. “Empirical
Approaches for the Investigation of Toxicant-Induced Loss of
Tolerance.” Environmental Health Perspectives 105, Suppl. 2
(1997):515-519.
Miller, C., Gammage, R.,
Jankovic, J. “Exacerbation of Chemical Sensitivity: A Case Study.”
Toxicology and Industrial Health 15 (1999):398-402.
Millqvist, E., Bengtsson, U.,
Lowhagen, O. “Provocations with Perfume in the Eyes Induce Airway
Symptoms in Patients with Sensory Hyperreactivity.” Allergy
54, no. 5 (May 1999):495-499.
Nethercott, J., Davidoff, L.,
Curbow, B., Abbey, H. “Multiple Chemical Sensitivities Syndrome:
Toward a Working Case Definition.” Archives of Environmental
Health 48 (1993):19-26.
Overstreet, D.H., Djuric, V. “A
Genetic Rat Model of Cholinergic Hypersensitivity: Implications for
Chemical Intolerance, Chronic Fatigue, and Asthma.” Annals of the
New York Academy of Science 933 (March 2001):92-102.
Overstreet, D., Miller, C.,
Janowsky, D., Russell, R. “Potential Animal Model of Multiple
Chemical Sensitivity with Cholinergic Supersensitivity.”
Toxicology 111 (1996):119-134.
Pall, M.L. “Elevated Nitric
Oxide-Peroxynitrite Theory of Multiple Chemical Sensitivity: Central
Role of N-Methyl-D-Aspartate Receptors in the Sensitivity
Mechanism.” Environmental Health Perspectives 111, no. 12
(September 2003):1461-1464.
Randolph, T.G. “Clinical
Manifestations of Individual Susceptibility to Insecticides and
Related Materials.” Industrial Medicine and Surgery 34
(February 1965):134-142.
Randolph, T.G. “Dynamics,
Diagnosis, and Treatment of Food Allergy.” Review. Otolaryngology
Clinics of North America 7, no. 3 (October 1974):617-635.
Randolph, T.G. “Ecologic
Orientation in Medicine: Comprehensive Environmental Control in
Diagnosis and Therapy.” Annals of Allergy 23 (January
1965):7-22.
Randolph, T.G. “Human Ecology and
Susceptibility to the Chemical Environment.” Annals of Allergy
19 (May 1961):518-540.
Randolph, T.G. ‘Human Ecology and
Susceptibility to the Chemical Environment: Air Pollution.”
Annals of Allergy 19 (June 1961):657-677.
Randolph, T.G. “Human Ecology and
Susceptibility to the Chemical Environment.” Annals of Allergy
19 (July 1961):779-799.
Randolph, T.G. “Human Ecology and
Susceptibility to the Chemical Environment.” Annals of Allergy
19 (August 1961):908-929.
Rea, W.J., Didriksen, N., Simon,
T.R., Pan, Y., Fenyves, E.J., Griffiths, B. “Effects of Toxic
Exposure to Molds and Mycotoxins in Building-Related Illnesses.”
Archives of Environmental Health 58, no. 7 (July 2003):399-405.
Rea, W.J. “Environmentally
Triggered Cardiac Disease.” Annals of Allergy 40 (April
1978):243-251.
Rea, W.J. “Environmentally
Triggered Small Vessel Vasculitis.” Annals of Allergy 38
(April 1977):245-251.
Rea, W.J. “Environmentally
Triggered Thrombophlebitis.” Annals of Allergy 37, no. 2
(August 1976):101-109.
Rea, W.J., Peters, D.W., Smiley,
R.E., Edgar, R., Greenberg, M., Fenyves, E. “Recurrent
Environmentally Triggered Thrombophlebitis: A Five-Year Follow-up.”
Annals of Allergy 47, no. 5, pt.1 (November 1981):338-44.
Rogers, W.R., Miller, C.S.,
Bunegin, L. “A Rat Model of Neurobehavioral Sensitization to
Toluene.” Toxicology and Industrial Health 15, nos. 3-4
(April-June 1999):356-369.
Ross, G.H. “Clinical
Characteristics of Chemical Sensitivity: An Illustrative Case
History of Asthma and MCS.” Environmental Health Perspectives
105, Suppl. 2 (March 1997):437-441.
Ross, G.H. “History and Clinical
Presentation of the Chemically Sensitive Patient.” Toxicology and
Industrial Health 8, no. 4 (July-August 1992):21-28.
Ross, G.H., Rea, W.J., Johnson,
A.R., Hickey, D.C., Simon, T.R. “Neurotoxicity in Single Photon
Computed Tomography Brain Scans of Patients Reporting Chemical
Sensitivities.” Toxicology and Industrial Health 15
(1999):415-420.
Rossi, J. “Sensitization Induced
by Kindling and Kindling-Related Phenomena as a Model for Multiple
Chemical Sensitivity.” Toxicology 111, nos. 1-3 (July 17,
1996):87-100.
Shirakawa, S., Ishikawa, S.,
Miyata, M., Rea, W.J., Johnson, A.R. “A Pupillographical Study on
the Presence of Organochlorine Pesticides in Autonomic Nerve
Disturbance.” Nippon Ganka Gakkai Zasshi 94, no. 4 (April
1990):418-423.
Simon, T.R., Hicket, D.C.,
Fincher, C.E., Johnson, A.R., Ross, G.H., Rea, W.J. “Single Photon
Computed Tomography of the Brain in Patients with Chemical
Sensitivities.” Toxicology and Industrial Health 10, nos. 4-5
(1994):573-577.
Simon, T.R., Rea, W.J. “Use of
Functional Brain Imaging in the Evaluation of Exposure to Mycotoxins
and Toxins Encountered in Desert Storm/Desert Shield.” Archives
of Environmental Health 58, no. 7 (July 2003):406-409.
Sorg, B.A., Hochstatter, T.
“Behavioral Sensitization After Repeated Formaldehyde Exposure in
Rats.” Toxicology and Industrial Health 15, nos. 3-4
(April-June 1999):346-355.
Sorg, B.A. “Multiple Chemical
Sensitivity: Potential Role for Neuralsensitization.” Review.
Critical Reviews in Neurobiology 13, no. 3 (1999):283-316.
Sorg, B. “Proposed Animal Model
for Multiple Chemical Sensitivity in Studies with Formalin.”
Toxicology 111 (1996):135-145.
Stephens, R., Spurgeon, A.,
Calvert, I., et al. “Neuropsychological Effect of Long-Term Exposure
to Organophosphates in Sheep Dip.” Lancet 3459
(1995):1135-1139.
Ternesten-Hasseus, E., Bende, M.,
Millqvist, E. “Increased Capsaicin Cough Sensitivity in Patients
with Multiple Chemical Sensitivity.” Journal of Occupational and
Environmental Medicine 44, no. 11 (November 2002).
Thrasher, J.D., Heuser, G.,
Broughton, A. “Immunological Abnormalities in Humans Chronically
Exposed to Chlorpyrifos.” Archives of Environmental Health
57, no. 3 (May-June 2002):181-187.
Thrasher, J.D., Vojdani, A.,
Cheung, G., Heuser, G. “Evidence for Formaldehyde Antibodies and
Altered Cellular Immunity in Subjects Exposed to Formaldehyde in
Mobile Homes.” Archives of Environmental Health 42, no. 6
(November-December 1987):347-350.
Welch, L.S., Sokas, R.
“Development of Multiple Chemical Sensitivity After an Outbreak of
Sick-Building Syndrome.” Toxicology and Industrial Health 8,
no. 4 (1991):47-65.
Wiesmuller, G.A., et al. “Nasal
Function in Self-Reported Chemically Intolerant Individuals.”
Archives of Environmental Health 57, no. 3 (May-June
2002):247-254.
Ziem, G.E. “Multiple Chemical
Sensitivity: Treatment and Follow-up with Avoidance and Control of
Chemical Exposures. Advancing the Understanding of Multiple Chemical
Sensitivity.” Association of Occupational and Environmental Clinics.
Toxicology and Industrial Health 8, no. 4 (1992):181-202.
Ziem, G.E., McTamney, J. “Profile
of Patients with Chemical Injury and Sensitivity.” Environmental
Health Perspectives 105, Suppl. 2 (March 1997):417-436.
|